VerdadesJune 28, 2009 6:52 pm

Esto es un fuera de tema en toda regla, pero como quien lo dice es un escritor, un escritor vivo que leo y tiene razón, a publicarlo.

El país que se toma la crisis a broma

En un país como España cuesta sobremanera tomarse en serio la actual crisis económica, no digamos las políticas encaminadas a combatirla, sean la del Gobierno o la de la oposición, aunque la de esta última ni siquiera sepamos en qué consiste. Lo cierto es que no se habla de otra cosa desde hace diez meses y sin embargo, en conjunto, nada cambia ni se prevé que lo haga. Claro que hay muchos más parados, y que a bastantes se les están ya acabando las ayudas al desempleo y se ignora qué será de ellos. Pueden añadir las dificultades de numerosas empresas, el previsto desmoronamiento de las inmobiliarias salvajes (contra cuyos abusos no hizo nada ningún político, pese a las incontables advertencias de quienes no somos políticos ni economistas, era una cuestión de mero sentido común), la falta de escrúpulos de la banca y lo que ustedes prefieran. Pero no hay manera de tomarse en serio esta crisis cuando yo me siento a escribir esta pieza el jueves 11 de junio y resulta que en mi Comunidad vuelve a ser fiesta, lo cual invitará a muchos ciudadanos a tomarse libre mañana, viernes –es decir, a hacer puente–, y a no reincorporarse a sus tareas hasta el lunes 15. Esto no es algo excepcional, sino la norma. En Madrid, en menos de tres meses, fue festivo el 19 de marzo, jueves, con el consiguiente puente hasta el lunes 23; a continuación, el viernes 3 de abril se inició la “operación salida” de Semana Santa, la cual terminó aquí el lunes 13, pero en muchas zonas del país el martes 14; el viernes y sábado 1 y 2 de mayo volvieron a ser fiesta, y de nuevo lo fue el viernes 15 de mayo, San Isidro; y, como si todo esto no bastara, hoy otra vez, Corpus Christi (?). Esto significa que entre el 15 de marzo y el 15 de junio, han sido más o menos inhábiles 39 fechas, contando sábados, domingos y la Semana Santa entera (pero no el Lunes de Pascua). O, lo que es lo mismo, el 43% de los días, cerca de la mitad de los transcurridos.

¿Es esto serio? ¿Es aconsejable? ¿Es propio de una sociedad inmersa, según se nos repite a diario con cabellos mesados y vestiduras rasgadas, en la más grave emergencia económica desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Tiene algún sentido que la producción y la actividad se interrumpan a lo bestia, cada dos por tres? (Y ya verán cómo en verano ninguna población suspende sus jornadas de holganza y ruido llamadas “fiestas patronales”.) Entre las medidas contra la famosa crisis, ¿cómo es que ni a un solo político se le ha ocurrido revisar el disparatado calendario y alterarlo temporalmente? (Confesaré al instante, para los suspicaces, que, al ser yo autónomo, lo normal es que trabaje todos los días, sábados, domingos y Semanas Santas incluidos, cuando me lo permiten las procesiones de los desocupados.)

Tampoco ayuda a tomársela en serio saber que mucha gente que gana al mes 1.500 euros de media está acudiendo a Cáritas a pedir comida porque necesita el dinero para pagar la hipoteca y las letras del coche. Y uno se pregunta quién diablos obliga a nadie a tener un piso en propiedad o a poseer un coche, o quién lo ha convencido de que esas dos cosas se cuentan entre las necesidades básicas e irrenunciables. Igualmente, cada vez que alguien va al paro y sale en televisión contando la miserable situación en que se queda, no suele dolerse de la falta de dinero para comer, o para vestir a sus hijos y llevarlos a la escuela, o para pagar la luz y el agua, sino que, machaconamente, se lamenta de las dificultades que lo aguardan para cumplir con la hipoteca y con los plazos del automóvil. Y vuelvo a preguntarme quién lo obligó a meterse en la adquisición de tales bienes prescindibles. Bueno, los bancos, que ahora escatiman los créditos, fueron los grandes tentadores hasta hace cuatro días, desde luego, pero no obligaban. (También para los suspicaces, me apresuro a decir que vivo en régimen de alquiler y que jamás he tenido coche.)

La morosidad se ha multiplicado en los últimos años, mucho antes de la crisis. ¿Qué clase de sociedad es esta en la que se considera normal vivir permanentemente por encima de las propias posibilidades, y solicitar créditos no para lo esencial ni para lo excepcional, sino para cualquier chuminada o capricho, para celebrar por todo lo alto la comunión de la niña, como si fuera una miniboda, o irse de vacaciones no aquí cerca, sino a Cancún o a Bali? Parece haber, además, una absoluta incapacidad para bajar de las nubes. ¿Cómo voy a renunciar a esto y aquello, si ya lo he tenido?, piensa casi todo el mundo, y, con el habitual espíritu pueril de nuestra época, se vuelve hacia el Estado, como si fuera el progenitor, para que ponga remedio a sus frustraciones particulares. Y el Estado, pusilánime e imbecilizado, da ayudas para que la gente siga comprándose coches (sólo de lujo y contaminantes, si se trata de esperanzaguirreños) y continúa manteniendo todos los improductivos y demenciales puentes que jalonan nuestro calendario. ¿Cómo pretenden los políticos, los economistas, los banqueros, los empresarios y los sindicatos que nos los tomemos en serio?

JAVIER MARÍAS

PolvosJune 2, 2009 7:24 pm
A veces pienso en tí incluso vestida.

Javier Krahe

Nota: Hoy (11 de junio) a las 23 horas voy a un concierto de Krahe, joder que lento pasa el tiempo.

Polvos, Citas célebresMay 1, 2009 1:00 pm

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Y con este ejemplar de frase intachable queda todo dicho. ¿No os ha pasado nunca que recordáis algo a vuestra medida? La vida es lo que el recuerdo nos permite, no lo que realmente vivimos. Y hay más: la vida es lo que seríamos capaces de contar si tuviéramos que hacer de ella un relato.

Desde niña imagino la vida en forma de saco, gris amarronado, de tejido duro, como los sacos de trigo para más datos. Dentro vamos metiendo todo lo que nos pasa, aunque con el tiempo me he dado cuenta de que hemos nacido con un derecho adquirido: tenemos el privilegio de poder meter en él lo que nos interese, ¿y el resto?: directo al vertedero virtual del olvido.

Y en mi metáfora imaginaria deseo un saco lleno de experiencias, personas, sentimientos, colores, olores, fotografías, viajes, sorpresas, lágrimas, canciones y escenas con telón de fondo y claqueta cinematográfica. Si un día tuviera que contarle mi vida a alguien (por ejemplo, a unos cuantos centenares de hojas en blanco), abriría el saco y haría inventario de todo lo que hay dentro de él.

Y esto es lo que hace Gabo con su infancia y adolescencia a través de un relato apasionante que nos acerca a algunos de los personajes y episodios que han poblado sus más emblemáticas obras. Es una delicia tomar los atajos al camino que nos propone, descubrir a las personas que le influyeron como escritor, entrar con él en la redacción de los periódicos para los que trabajó, subirse al barco que le acercaba a sus años de formación al tiempo que le alejaba de su hogar, formar parte de sus innumerables y eternas tertulias culturales que se alargaban hasta el amanecer, simpatizar con sus debilidades declaradas y sus miedos confesos, meterse en medio de los actos revolucionarios que marcaron una Colombia convulsa, admirar a uno de esos seres literarios y genuinos: su madre, sentir el tacto de las cuartillas en que escribía sus reportajes, entrevistas, novelas, artículos, reseñas y hasta críticas de cine…

Si me quedaba alguna duda, ahora ya no: Gabriel García Márquez nació escritor y su vida no es otra cosa que la confirmación de una vocación.

Talento literario aparte, esta obra me ha sorprendido por su sencillez narrativa, tal vez necesaria para hilar una compleja trama vital impecablemente contada.

Espero ansiosa la segunda parte de estas memorias para saber, entre otras cosas, qué decía la carta que Mercedes finalmente le envió cuando él estaba en Ginebra: la respuesta a un ultimátum de Amor…

No dejéis de leerla. Es un regalo para Literatura y para todos nosotros.

Farfalla

General, Verdades, Polvos, SinsentidosApril 23, 2009 10:15 pm

Siempre me manifesté en contra de los libros dedicados. No entiendo que se necesiten más palabras que las que un libro posee, una dedicatoria de una persona que no conoces, por mucho que admires, es solo un garabato, un borrón que con el tiempo se olvida, excepto los que lo necesitan para sentirse especiales, la gente rara tiene derecho a vivir.

Me sucede algo similar con los amigos, tengo pocos -por suerte-, al igual que libros dedicados. Realmente mi primer libro dedicado me lo han entregado esta noche, porque escribo estoy a la una de la madruga del 22 de abril, bueno ya 23.

El libro lo había leído con anterioridad unas cuatro veces, no se ha publicado porque no han querido que luchase por ello, es un gran libro que con el paso del tiempo no me cabe la menor duda estará en alguna librería, por lo menos ya figura en mi biblioteca. Tiene un interés especial porque es el borrador, está lleno de notas, correcciones y todas esas cosas que le gustan a un lector como yo.

No tendría demasiada importancia sino fuese porque su autora es una gran amiga. Una amiga de verdad, una amiga con todas las letras, porque la palabra amigo ya no es tan importante (para la mayoría) por culpa de un tropel de malhablados que no utilizan de una manera correcta el lenguaje. Lo atropellan y no se dan cuenta que están matándolo poco a poco.

La palabra amiga denota un sentimiento especial, una idea esperanzadora, un placer exquisito. A pocas personas aprecio realmente, pocas me importan y con pocas mantengo un contacto más o menos habitual. A muy pocas ayudaría en una situación delicada y por otras en cambio daría todo lo que tengo, esta mujer (jovenzuela, la idea del tiempo no le atrae demasiado, al contrario que a mí)  solo tiene que pedirlo, insinuar lo que necesita o desea porque sabe que siempre estaré ahí para intentar ayudarla.

Nos conocemos desde hace años y tenemos una relación especial con la literatura, con nadie excepto con ella puedo charlar sobre libros, aunque por supuesto muchas de sus lecturas deberían estar prohibidas. Creo que ayer mientras cenábamos le dije que era muy inteligente mientras le confesaba una quimera que mucho tiempo nos llevo idear a un par de amigos y que surgió entre botellas de vino, esa frase no debería haber aparecido en ese instante pero un comentario suyo la introdujo, un comentario que estoy convencido nadie hubiese imaginado.

Existe personas que se cuelan en nuestras vidas por algo, la verdad, es una suerte ser su amigo, es algo que jamás hubiese imaginado, jamás podrá saber la alegría que me produjo el mail en el que me comunicaba su visita a la ciudad en la que vivo y mucho más la frase en la que afirma que intentaría escaparse de sus obligaciones para tomar algo unas horas.

Solo quiero escribir esto para que quede constancia, para el tiempo que todo lo pone en su lugar se equivoque esta vez, o mejor dicho, me equivoque porque creo que todo termina, aunque en este caso, nuestra relación no puede morir jamás, un tema que hemos tratado ayer, jamás, siempre…. palabras intolerantes, quien sabe.

Preciosa, te quiero mucho.

Verdades, Polvos, SinsentidosApril 17, 2009 5:10 pm

Probablemente no sea demasiado objetivo, ni tenga razón, estoy convencido de que las líneas que dejaré a continuación son un error pero bueno, al tema.

He terminado de leer El Mundo de Juan José Millás, me ha pasado un amigo una copia en formato electrónico y gracias al papyre lo he leído sin ningún problema, jamás hubiese comprado ese libro y tampoco hubiese perdido tiempo alguno en imprimirlo.

Ganó el planeta y eso ya es algo que juega en su contra. Nunca había leído nada de este señor excepto alguna columna en un periódico y no tenía una visión ni positiva ni negativa sobre su literatura. Pero ahora puedo decir que mis sensaciones no eran del todo erróneas.

El libro es aburrido, no aporta nada, no tiene un interés especial y pasaría inadvertido para la mayoría sino lo hubiese escrito un autor conocido. El planeta es un premio absurdo, se concede sin ton ni son porque aporta mucho dinero a la editorial.

Deseo que alguien inteligente, no yo, ni un crítico, consiga alguna vez que sea lea buena literatura. En este país dicen que cada día se lee más, no estoy de acuerdo, pero si leer más implica leer obras simples, sin contenido alguno, obras que no aportan nada, probablemente ni un rato de entretenimiento no entiendo para que se lee.

He terminado ayer también de releer otra vez, Las aventuras de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe, no es una de sus grandes obras, no es una maravilla pero al lado de El Mundo es una obra maestra.

Sino lo digo reviento.

Verdades, Polvos, SinsentidosApril 12, 2009 5:06 pm

De perdidos al río y mezclo el título de la última novela de Saramago con un apunte personal, en un guiño a un atrevimiento naíf que a continuación os aclararé.

Los que me leéis bien sabéis que soy una Saramagoniana en toda regla, y como tal esperaba con curiosidad y ganas su última novela después de veinte años de silencio literario y una grave enfermedad. “El viaje del elefante” no defrauda a los que le admiramos: es una novela muy de él, con todos los ingredientes estilísticos y de contenido que ya hemos hecho suyos, pero varias veces aumentado por una perspectiva que presumo aporta sólo la edad, la experiencia y, por supuesto, el ingenioso talento de este escritor.

Definido por él mismo como un “cuento largo”, esta breve novela, sencilla a primer golpe de vista, encierra entre sus líneas las moralejas de vida, los incontables guiños irónicos y la lucidez preclara a que Saramago nos tiene acostumbrados.

“El viaje del elefante” cuenta una historia real aunque salpicada de imaginación, porque según el mismo autor manifiesta, es ese punto donde confluyen realidad y ficción lo que hace de la literatura lo que en realidad es.

El eje vertebral es el viaje épico, prosaico y jovial que en el s. XVI emprende un elefante asiático llamado Salomón desde Lisboa a Viena por algunos caprichos reales y absurdos designios.

La novela, que ronda las 240 páginas, da cuenta de la imaginación de Saramago. "La compasión solidaria, ese sentimiento que siendo expresado literariamente es, sobre todo, humano, atraviesa toda la obra, se distingue y se significa", comenta la periodista Pilar del Río. El humor también está presente en la obra y el escritor lo emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar en el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector", explica la esposa del escritor portugués.

Ironía, sarcasmo, belleza y responsabilidad de escribir están presentes en un libro que no deja indiferente por lo que tiene de fábula, realidad, ingenuidad e inteligencia.

Y cambio de tercio. Ando sumergida en la lectura de las memorias de Gabo y, aunque sólo llevo cien páginas, me han servido para aceptar lo que desde hace tres años intento acallar: ya no escribo y todo apunta a que no vuelva a hacerlo jamás. Primero le di una oportunidad a la lícita crisis literaria, después a los antojos de la Dama Inspiración, pero ahora ya no tengo más excusas en la retaguardia: no sé si algún día sirvieron de algo mis letras, pero sí que si tuvieron alguna razón de ser, fue en el pasado y no ahora.

Suena triste, suena como una derrota o incluso como una confesión  susurrada al oído. Ponedle la música que prefiráis. Mi pentagrama se ha quedado sin notas.

Farfalla

General, Verdades, Polvos, Sinsentidos, El tintero, Citas célebresApril 6, 2009 7:50 pm

 Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."

El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

Jorge Luis Borges

GeneralMarch 16, 2009 8:11 pm

 

 Felicidades Maestro


Sin dudarlo uno de los mejores autores españoles de todos los tiempos.

GeneralMarch 15, 2009 8:52 pm

El viernes 20 voy de nuevo a un recital de Les Luthiers, son unos auténticos genios, aquí un vídeo que lo demuestra. Esto es un offtopic que merece la pena

 

General, Verdades, SinsentidosFebruary 26, 2009 9:00 pm

Para muchos los libros no son relevantes, apenas leen y pueden pasar días sin hacerlo. Incluso la mayoría los olvida en rincones donde les cuesta localizarlos al cabo de poco tiempo.

Este fin de semana he olvidado en casa de mis padres el papyre, hablé de él hace tiempo y se ha convertido en mi inseparable compañero de fatigas. Estoy leyendo cuatro libros, todos ellos en formato electrónico y esta semana he comenzado a Tu rostro mañana de Javier Marías, el primer volumen, pero esta vez en papel.

No creí jamás que para leer se necesitase un aparato electrónico. Cuando lo compré lo hice como anécdota y sobre todo para leer textos técnicos, mi trabajo me obliga a ello. Pero desde que ha llegado a mis manos pocos libros en papel he vuelto a leer.

Tengo la suerte de que la mayoría de libros que leo son de dominio público. Exceptuando algunos que no vamos a engañarnos he ido descargando de diversas páginas y algún que otro programa p2p.

Mañana en cuanto salga de trabajar voy a recogerlo, pasaré el fin de semana andando en bici, tomando café con mi abuelo, que ya puede ser considerado un viejo en toda regla, espero cenar con algún amigo y el domingo cuando vuelva a esta ciudad rara e insoportable no olvidaré traerme el papyre, está vez no.