El tinteroAugust 31, 2007 8:08 pm

“Cuando ya no nos importa que la nave naufrague, no nos abrazamos a su proa; dejamos que se hunda mientras nos apartamos tan lejos como podemos, convertidos en peces”.

 


 

¿Y por qué? ¿Por qué lo hice? ¿Por qué fui tan egoísta, tan cobarde, tan rematadamente pez? ¿Por qué cuando el barco ya tiene medio cuerpo dentro del agua ya no nos importa que se hunda y sólo queremos que la inmersión sea lo más rápida posible? ¿Por qué no cogí el toro por los cuernos, la sartén por el mango, la situación de cara?

En el fondo el ser humano es egoísta y egocéntrico: mientras tenga su parcela de mar controlada, ya pueden ahogarse el resto de los peces del mar entero. Probablemente sea cuestión de supervivencia. Cuando alcanzamos el abismo, sólo nos quedan dos opciones: preocuparnos por los demás o centrar todas nuestras energías en el centro exacto del alma e intentar salir a flote… aunque para ello no nos quede más remedio que comportarnos como un pez.

Farfalla 

PolvosAugust 29, 2007 9:52 pm

Borges escribió el poema que más admiro de todos los que he leído. Probablemente porque me apasiona el tema, el poema se titula "El Golem", tienen la suerte de que haya encontrado en Youtube un vídeo de la película de Paul Wegener, con sorpresa, ahí va.

VerdadesAugust 27, 2007 8:34 pm

Según Les Luthiers en su maravilloso vídeo que se titula CENTRO DE ATENCIóN AL SUICIDA:

“LA VIDA DEBE SER VIVIDA PERO LA MUERTE DEBE SER MORIDA”

Que conste que este pequeño aporte optimista es solo una excepción.

SinsentidosAugust 25, 2007 6:02 pm


Algunas veces, sólo algunas, pienso en la muerte.

Me pregunto, por ejemplo: ¿Dejará de pasar el tiempo cuando la Tierra desaparezca?

Y nunca llego a nada, salvo a la consternación de no alcanzar a concluir ningún razonamiento.

No entiendo cómo puede existir algo que significa no existir. No entiendo cómo es posible que cada día mueran tantas personas y, con ellas, los mundos que envuelven cada una de sus vidas. ¿Dónde van todos sus sentimientos, toda su energía, todo el bien o el mal que han hecho? ¿Dónde van sus recuerdos? ¿Dónde se quedan sus sueños? ¿Qué sucede con todo el Amor que sienten?

Y lo que más me cuesta entender, por muy absurdo que sé que suena, es cómo es posible que la vida –así, en general- siga algún día mientras la mía ha dejado existir. Y seguirá, y seguirá, y seguirá… mientras yo permanezco sumergida en un sueño del que ya no despertaré jamás. Y pasarán cientos, miles, Dios… millones años, y exista la Tierra o no (a este paso, más bien va a ser que no, pero los años pasarán de todos modos), yo sólo seré un simple no-ser. Un no-ser eterno. Y ni siquiera me percataré de ello. No sabré que ya no soy. Simplemente, no estaré.

Y cuanto más pienso en la muerte, más ganas tengo de vivir la vida.

Farfalla 

PolvosAugust 24, 2007 4:52 pm

A mi lado sin tregua el Demonio se agita;
En torno de mi flota como un aire impalpable;
Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones
De un deseo llenándolos culpable e infinito.

Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
De la más seductora mujer las apariencias,
y acudiendo a especiosos pretextos de adulón
Mis labios acostumbra a filtros depravados.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solas planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento aparato que en la Destrucción vive!

Charles Baudelaire

Verdades, PolvosAugust 21, 2007 4:54 pm

Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.

Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.

Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,

del tiempo, que es uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.

Borges

 P.D. Un poema real.

SinsentidosAugust 16, 2007 2:27 pm





Su presencia es como una taladradora envuelta en una sábana blanca, como las de los fantasmas. Se le mete en la cabeza como una maldición, la nota en el pecho como un mal de ojo cuya pócima desconoce, se esparce como un charco de petróleo dejándole impregnada de él hasta las entrañas.
 

No sabe por qué vuelve, aunque en realidad teme que nunca se fue. Ahí sigue o ahí está, que a estas alturas del partido viene a ser lo mismo. Se queda, permanece, se ancla en lo más hondo y convierte sus fuerzas en esfuerzo. 

No puede cerrar los ojos ante esta presencia porque hacerlo sería engañarse, pero afrontarlo le consume. A veces la siente como una daga en el cuello, otras como una losa en la espalda, la mayoría como un nudo marinero en el estómago.

Y la rabia arranca de cuajo la sábana blanca y debajo no aparece ella, sino él.

PolvosAugust 13, 2007 8:34 pm

"Las intermitencias de la muerte" (J. Saramago) 

 

Y la Muerte decidió tomarse unas vacaciones.  

Ahora imaginaros a la Dama Negra: guadaña en mano, sin rostro ni manos ni pies, con su manto oscuro cubriéndole la calavera que debe tener por cabeza. Todopoderosa donde las haya.

Y Saramago le firma una baja de duración indeterminada y la Muerte deja de matar y la gente de morir. 

Y se estará el lector preguntando el porqué hasta las últimas páginas, sin sospechar siquiera que por supuesto la Muerte tenía la mejor de las razones para tomarse tan merecido receso.

Y esa razón sólo puede ser una.

 

 

Verdades, Polvos, SinsentidosAugust 12, 2007 7:24 pm

Macedonio Fernández, autor argentino, escribió uno de los textos con los que más me he divertido y que siempre recordaré con una sonrisa.

El citado texto se titula “Un paciente en disminuación” y dice así:

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:

- Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.

 

Esa última frase nos acerca al fin. Discutiendo hace años con un antiguo amigo, que por desgracia ya ha fallecido, entre una botella de güisqui llegamos a la conclusión, acertada, de que el doctor Terapéutica era uno de los pocos médicos inteligentes que habían resuelto todos los problemas de un paciente.

Al fin ese paciente sentía alivio absoluto. Anoto esto no para recordar el texto, el motivo es muy simple, quiero recordar a mi amigo ya que hoy he estado leyendo uno de los libros que me había regalado antes de morir, gracias a él yo soy un gran aficionado a la lectura. El libro que recomiendo se titula “Das grüne Gesicht (1916)” (“El rostro verde”) de Gustav Meyrink, autor alemán que conocí gracias a mi amigo y Borges, espero te guste.

GeneralAugust 8, 2007 3:29 pm

Nací ingenua, además de optimista.

Aunque reconozco que después de haber cruzado la barrera de los treinta, esperaba haber superado este estadio. Por si tenía alguna duda, la vida se ha encargado de colocarme en episodio a modo de botón.

En la Sprachschule en que estudio (para los que no entiendan ni jota del idioma de las jotas que no es español, significa Escuela de Idiomas) tengo un compañero moro, además de una colombiana que se parece a Shakira, una rusa tímida, una hindú que huele… ¿a hindú? y una coreana, por difícil que parezca, guapa. Un moro, os decía. Y mientras escribo moro, o sea, ahora mismo, me pregunto por qué me permito que un simple gentilicio suene tan peyorativo. Pero, ¿de qué otra manera se puede llamar a un moro si no “moro”?

El otro día al terminar la Unterricht, o sea, la clase, el moro me dijo que si iba a no sé qué sitio a pedir no sé qué papel y lo entregaba en la academia, el curso podía salirme gratis. Y hasta el transporte. Acepto que escrito así puede sonar un poco absurdo, pero me lo argumentó bien: soy extranjera, no trabajo, necesito aprender el idioma y blablablá. De acuerdo: me lo creí.

Tardamos dos días en entendernos, porque él sólo habla el idioma de las jotas y mi vocabulario total en tal idioma debe ascender, pongamos, siendo generosos, a unas cien palabras (contando artículos definidos e indefinidos ; los números no, porque si no me saldría infinito). Ayer se ofreció a acompañarme él personalmente al lugar en cuestión. Nos subimos en el tranvía 50 que sale de la Hauptbahnhof (estación de tren) de Mainz y nos fuimos alejando. Me resultaba extraño que una oficina, del tipo que sea y aunque se dedique sólo a hacer papeles de no sé qué que le sirven a uno para estudiar idiomas como el de las jotas gratis, estuviera a las afueras.

Nos bajamos en medio de una carretera. Empezaba a oler a chamusquina, pero me obligué a no dejarme llevar por los prejuicios y le seguí. Había un parque con un camino. Se me encendió la primera luz de alerta. Retrocedí. Me persuadió, tal vez tanta jota sonó convincente. Caminé unos metros más: ahí sólo había árboles. Él decía que detrás estaba el “Büro”, que dicho así, con esta palabreja a la francesa, sonó bien hasta en su boca (ojo, no he dicho “en la boca de un moro”, quede claro). Avancé sólo un poco más, hasta que miré atrás y vi sólo la carretera.

Me largué, por piernas no porque llovía a cántaros y tampoco era cosa de llegar a la carretera patinando. Ante mi negativa, él me dijo que le esperara un segundo, que iba al “Büro” de las narices a pedir el número de teléfono. Regresó y me acompañó a buscar el tren. Apenas hablé con él porque me sentía una mezcla extraña: entre gilipollas y gilipollas.

Heute in dem Unterricht (o sea, Hoy en clase), después de enseñarme sus fotos de Marruecos en las que salían su padre, su hermano y el amigo del hermano, me ha dicho que Entschuldigung (o sea, so sorry) pero el “Büro” no tiene teléfono.

Y claro, es normal que los “Büro” no tengan teléfonos.

Oder? (es decir, Verdad?).