SinsentidosDecember 29, 2007 2:07 pm

Cuando el ánimo decae y decido regalarle a mi alborotado cerebro unas notas de calidez y armonía, pienso en Lila.

 

 

Sólo compartimos seis meses de vida, pero fue suficiente para que naciera entre nosotros un lazo especial, como el de las cortinas fucsia que vestían aquella ventana antigua todavía con portones de madera.

Junto a Lila lloré y reí como pocas veces he llorado y reído. Cada momento en él era un diminuto pero incandescente punto de Luz en medio de la rutina, como aquellas dos lamparitas de mesilla de noche en tonos malva que cuando se encendían te daban la sensación de encontrarte en un cuento de Hadas y Ninfas.

A Lila se lo contaba todo, porque siempre me comprendía y jamás tuvo un reproche para mí. Me acogía con sus tonos cálidos y me hacía sentir mejor. Su efecto en mí era instantáneo, como una aspirina efervescente cuando tienes un dolor ligero de cabeza.

Lila fue durante medio año mi refugio, mi cueva, mi fondo de mar. El lugar a donde siempre regresaba, el lugar del que no me quería ir, el lugar que echaba de menos mientras hacía con mi vida muchas otras cosas.

Por eso cuando estoy triste y quiero sentirme mejor, pienso en él. Y aunque nuestra relación, la más íntima que he mantenido jamás con alguna persona o cosa, terminó, Lila forma ya parte de mí. A veces miro algunas de las pocas fotos que tengo suyas, y su olor regresa a mí como un yoyó a la mano que lo mece.

Esto va por ti, Lila. Para ti y tus cuatro paredes malva.

Farfalla 

GeneralDecember 21, 2007 9:58 am

Si supiera su nombre lo repetiría para mis adentros.

 


Angkor son las ruinas de una ciudad-templo situada en Camboya. Hectáreas y hectáreas de piedras e historia. Piedras, historia y niños pequeños, demasiado pequeños, que venden de todo un poco porque para ellos ir a la escuela sería un lujo que sus familias no se pueden permitir. Te asaltan, en el buen sentido de la palabra pero te asaltan por todas partes, sobre todo a la entrada y la salida de los templos. Te ofrecen en un perfecto inglés menudencias artesanales, postales siempre iguales o copias casi perfectas de las guías Lonely Planet. Apuesto a que estos niños aprenden este inglés “comercial” necesario para sus vidas incluso antes que su propia lengua. Algo así como: “Two, one dollar”, “Buy something”, “Maybe later?”. Lo que impresiona es la entonación. La mirada de súplica. La tristeza cuando les das un no.

Paseábamos entre las ruinas de uno de los templos, cerca de un lago. Tras el objetivo de mi cámara encontré una niña preciosa, casi escondida tras un pequeño muro. Una niña, sí. Aunque ese pelito corto pudiera llevar a confusión, sus modestos pendientes, esas manos femeninas y la gracia de sus gestos no dejaban lugar a dudas. Buscaba algo entre las piedras cercanas al lago. Entre sus manitas delicadas sostenía algo. La miré. Me miró. Nos sonreímos y enseguida me tendió su mano para darme lo que sostenía: un diminuto trébol de cuatro hojas.

Me quedé inmóvil. Conmocionada. A la caza de señales que en ese caso eran evidentes. Corrí a buscar un dólar que le regalé a la única niña que ni pedía ni vendía nada, y que sin embargo me había entregado su hallazgo, que conservo seco entras las hojas de mi Diario de Viaje.

Su reacción al recibir aquel billete de un dólar no puede ser contada. Explotó en un ataque de júbilo inmenso, sonreía tanto que parecía que la sonrisa iba a salírsele de la cara. No atinaba a pronunciar nada porque la emoción no se lo permitía. Por último, hizo un gesto como de victoria que me estremeció. Aquella mañana soleada, ella había ganado su particular batalla diaria.

Ahora tengo su foto en mi fondo de escritorio. La miro a cada rato. Me evoca la esencia de mi viaje por Ásia, me evoca la esencia de tantas cosas.

Y probablemente esa niña, que corrió feliz rumbo a la choza de su madre para entregarle el dólar conseguido, sea tan feliz como lo son el resto de los niños del mundo.

Farfalla

PolvosDecember 5, 2007 11:07 am

“¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.”

Jorge Luis Borges