Verdades, Polvos, SinsentidosFebruary 26, 2008 5:59 pm

A uno a veces se le presentan "oportunidades" que le recuerdan a alguna canción. He aquí una de esas "raras oportunidades", pena no poder aprovecharla:

 

Una parvulita muy de rompe y rasga,
un serio proyecto de reina de Saba,
se me ofrece anoche, así, por la cara,
así, por la cara,
pasando por alto unas cuantas canas.

"A primera vista se ve que son falsas",
la hermosa doncella replica, galana,
"es sólo la luna que riela en tu barba,
y, dicho sea de paso, de doncella, nada".

"Me dejas confuso, sabrás que me encantan
estas falsedades que van a la cama,
pero quede claro que sí que son canas,
que sí que son canas,
no es sólo la luna ni es sólo en la barba.

También riela el tiempo, con más o menos gracia.
Y cada cumpleaños, con brocha de escarcha,
viene y me embadurna los pelos y el alma,
sin que uno por eso tenga el alma blanca".

"Déjate de rollos, déjate de escarchas.
Yo te ofrezco oro a cambio de plata.
Ven que te maquille con polvos de hada
-¡con polvo de hada!-.
Juntos volaremos por la noche clara".

"Vale, campanilla, en tu arte de magia
mis años se enredan. Vamos a tu casa.
Y aún hay dos detalles de gran importancia:
uno es que tus padres vivan en Australia.

Otro es que en Vespino no monto ni a rastras.
Son mis requisitos para entrar en danza".
"En cuanto al primero: viven an Australia
o como en Australia,
y en cuanto al segundo: mírame de espaldas".

Y nos adueñamos de la madrugada,
y yo iba a su grupa, clavado a la espalda
de un serio proyecto de reina de Saba.
A veces Lolita, bueno, siempre, gana.

Javier Krahe

 

Verdades, SinsentidosFebruary 24, 2008 8:05 pm

 

Los aeropuertos me ponen de buen humor porque en ellos, antes de levantar el vuelo, todavía todo es posible.

Llego demasiado pronto a uno alejado del centro de la ciudad, de esos que construyen las compañías de lowcost para facilitarles las alas al común de los mortales. No son ni las seis de la mañana y la noche sigue completamente cerrada. La chica de la línea de facturación, al ver mi DNI español, se dirige a mí en inglés, pero yo cambio rápidamente a algo parecido al alemán, sintiéndome triunfante por hacerme comprender en la única frase simple que atino a pronunciar a esas horas intempestivas.

Tras un control de seguridad extraño porque no es lo mismo sin sus colas serpenteantes, me siento en el único bar de la única sala de espera y pido un capuchino de vainilla. Yo sólo bebo cafeína cuando me siento bien. Hago una llamada imaginaria con mi teléfono móvil y miro a mi alrededor.

Saco mi pequeño cuaderno de bolso, que este año tiene en sus solapas mariposas de dorados colores, y empiezo a esbozar frases que no consiguen apresar mi sentimiento. Me pregunto por qué me siento tan bien a las seis de la mañana en un aeropuerto lowcost tras haber perdido el día anterior un vuelo gracias a un taxista que tras doce años de profesión se perdió camino del aeropuerto. Mi verdadera vida no volará conmigo, porque lo hago sólo por trabajo, y aun y así, me siento bien.

Observo al hombre de la derecha, con su periódico y su expreso negrísimo y su maletín tan negro como el expreso. Y a un chico joven, rígido bajo su traje de corte italiano pero porte alemán, pelo engominado en exceso y zapatos relucientes. Y la chica sentada al otro lado, con un bolso enorme y gesto inquieto. Entra en la tienda de souvenirs y se compra unas gafas de Dior que se coloca a modo de diadema con gesto de satisfacción. En ese momento se siente divina y desde mi distancia anónima yo lo noto. Se sienta de nuevo y se retoca el maquillaje mientras yo me pregunto de qué sirve ponerse rimel a las seis de la mañana. Ella es la que más interés suscita en mí, porque me pregunto sin éxito a quién irá a visitar en semejante estado de agitación.

Y mientras esta película de cortos se sucede ante mi mirada atenta, me cuestiono si la vida es rara o la rara soy yo por sentirme como en casa en un aeropuerto cualquiera. Por gustarme que me cacheen, cuanto más exhaustivamente mejor, en los controles de seguridad. Por hacer llamadas telefónicas ficticias para contar cosas de mi vida.

Farfalla 

Verdades, Polvos, El tinteroFebruary 11, 2008 8:14 pm

Después de dos meses horribles y un desenlace que todos esperábamos parece que los días comienzan de nuevo a ser todo lo "normales" que eran, eso sí, sin alguien menos a mi lado.

Así que me he decidido otra vez a leer durante un buen rato un libro que me parece de obligada lectura de Arthur Schopenhauer "Parerga y Paralipómena", he resctado un par de fragmentos que creo más que interesantes, espero que os gusten:

Sobre el mundo

"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas."

"Nuestro mundo civilizado no es más que una mascarada donde se encuentran caballeros, curas, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos, pero no son lo que representan, sino solo la mascara, bajo la cual, por regla general, se esconden especuladores de dinero."