Verdades, Polvos, SinsentidosApril 13, 2008 5:23 pm

Amor me hirió de un último flechazo
que para mi guardaba en su carcaja,
De suerte que fui aquel en cuyo abrazo
desfallecía, ay, Matilde Urbach.

Aún sueño con sus párpados dormidos,
contra mi cuello aún siento sus perfil,
aún en mi alma aún en mis sentidos
gimen sus ecos, grita el mes de abril.

Y atormentaba los celos al rey
y aún lo atormentan, pese a su ley.
Aún atormentan los celos al rey.

Su ley dictó, tacho de abominable,
de ir contra él, unión tan desigual,
a ella la acusó de deseable
y a mí me condenó por irreal.

Nos envió sus fuerzas poderosas
con la consigna de ir a contraamor,
su orden real -adiós ramos de rosas,
adiós canción- impuso su rigor.

Y atormentaba los celos al rey
y aún lo atormentan, pese a su ley.
Aún atormentan los celos al rey.

Matilde Urbach ya es madre de princesas,
yo, en el exilio, soy más viejo aún,
divago por caminos sin promesas
y mi desidia es un lugar común.

Hay otra realidad en esta historia:
yo fui aquel, ah, sí, yo fui aquel.
Matilde Urbach lo guarda en su memoria,
lo sé muy bien. También lo sabe él.

Y atormentaba los celos al rey,
y aún lo atormentan, pese a su ley.
Aún atormentan los celos al rey.

Javier Krahe

P.D. Un buen homenaje a mi querido Borges. 

PolvosApril 7, 2008 7:45 pm

 

“El perfumista lucha contra esta circunstancia fatal ligando las fragancias demasiado volátiles a otras más perennes, como si las maniatara para frenar sus ansias de libertad, un arte que consiste en dejar las ataduras lo más sueltas posible a fin de dar al aroma prisionero una semblanza de libertad y en anudarlas con fuerza para que no pueda huir”.

Una pizca de almizcle, un poco de esencia de canela, notas de bergamota, aceite de lima, extracto de narciso y nardo. Así es también el Amor: nunca sabes si añades demasiado de esto, o demasiado poco de lo otro. Nunca sabes si tienes que darle más libertad para que, como dicen algunos dichos populares, no escape nunca, o bien encerrarlo a cal y canto aun y a riesgo de que llame a un cerrajero a media noche y huya espantado por la puerta de atrás.

Afortunado paralelismo el del Amor y los perfumes, pues se me antojan ambas tareas igual de complejas y delicadas. El perfumista pondera, calcula, escucha a su instinto, decide, mezcla, prueba, modifica y, finalmente, se siente satisfecho de su creación, siempre diferente en esencia y no comparable a ninguna otra. Los hombres hacemos exactamente lo mismo, aunque en este caso el laboratorio somos nosotros mismos y las esencias y aceites, nuestros sentimientos. Algunos invierten media vida en probar cientos de olores en busca de la esencia perfecta. Otros prefieren partir de unas notas básicas y añadir entonces el resto de los componentes hasta crear la esencia perfecta.

Siempre la esencia perfecta.

Sólo una gota de más de algalia, y la perfección desaparece. Sólo una gota de menos de neroli, y se llega a la perfección.

Farfalla 

VerdadesApril 1, 2008 9:45 am

Raimondo es un tipo normal, de esos que nadie se giraría a mirar por la calle.

Un tipo de unos cuarenta años, cabello azabache y manos delicadas. Libanés de origen, pero afincado en Alemania desde hace veinte años. “Yo ya soy alemán”, me dijo cuando nos conocimos, “En mi documento de identidad lo pone: a-le-mán”. Y lo recalca satisfecho. Viste siempre un traje negro de mala calidad pero que lleva con suma dignidad, me atrevería a decir que incluso con cierto orgullo.

Tiene una sonrisa tímida y mira a los ojos sólo lo justo. Siempre se interesa por mí y cada vez que nos vemos salen de su boca las mismas preguntas amables: “Alles in ordnung, Frau Riccio? Wie war in Italien? Viele Arbeit? Schönes Wetter?”. Y yo, agradecida, siempre respondo las mismas cosas: “Alles klar, Raimondo. Ein wenig müde. Super Wetter die ganze Woche”.

Y damos por terminada la introducción de cada uno de nuestros encuentros. Raimondo se dirige a la autopista y la conversación puede derivar hacia mis viajes, los suyos soñados, mi calendario de locos o sus hijos. Son cuatro, todos pequeños. Su mujer, de la que me habla poco, es “Hausfrau” (es decir, ama de casa). Y él, pluriempleado de trabajos humildes pero honrados, debe mantenerlos a todos. El otro día me confesaba, algo agobiado, que necesita escaparse un fin de semana con su mujer. “Sólo dos días, no necesito más. Me gustaría coger un avión. No me importa el destino. Pero sí coger un avión”.

Raimondo conduce con prudencia y profesionalidad, como si estuviera realizando una operación a corazón abierto y él fuera el cirujano jefe. Raimondo me cuelga el teléfono cada vez que le llamo y me llama él dos segundos después, para que yo no tenga que pagar la llamada. Raimondo me acompaña a la línea de facturación y no se va hasta comprobar que todo está orden. Cuando regreso, Raimondo me espera en “Llegadas”, junto a los familiares, novios, amigos. Raimondo me viene a buscar con su coche particular cuando mis horarios no coinciden con los suyos, que suele ser casi siempre. Raimondo me manda mensajes para felicitarme por mi cumpleaños. Raimondo me regala pastelitos libaneses por Pascua.

Raimondo es mi taxista. El mejor taxista del mundo.

Farfalla