PolvosMay 30, 2008 1:09 pm

 

“Lo mismo le ocurre al Siddharta cuando se propone alanzar una meta: Siddhartha no hace nada: espera, medita, ayuna, pero atraviesa las cosas del mundo como la piedra, el agua, sin hacer nada, sin moverse, dejándose atraer, dejándose caer. Su propia meta lo atrae, pues no deja penetrar en su alma nada que pueda apartarlo del objetivo propuesto […]. Es lo que los necios denominan magia y atribuyen a la acción de los demonios […] Cualquiera puede ejercer la magia y alcanzar sus objetivos si sabe pensar, esperar, ayunar”.

“Cuando alguien busca –dijo Siddhartha-, suele ocurrir que sus ojos sólo ven aquello que anda buscando, y ya no logra encontrar nada ni se vuelve receptivo a nada porque sólo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos”.

Reconozco que Siddharta me ha recordado, tal vez en demasiados pasajes, a “El Alquimista” de Coelho. Pero aun y así aporta su grano de arena al interrogante universal de la búsqueda.

Suelo dividir a las personas en dos grupos: los que buscan y los que encuentran (los que ni buscan ni encuentran no vienen al caso). Y tras haber buscado sin encontrar algunas cosas, y encontrado sin buscar otras, me sigo preguntando qué hará a las personas tan diferentes las unas de las otras, por qué algunas necesitan perderse en el mundo para encontrarse a sí mismas, mientras otras se creen, o tal vez se sientan, simplemente felices con su vida de a diario de 9 a 18h, con sus semanas monotemáticas de lunes a viernes, con su puerto donde regresar, con rutinas donde amarrar su barco.

Y tengo la intuición de que los que buscan permanecerán siempre viajeros eternos de sí mismos, mientras que los que encuentran no necesitarán jamás viaje alguno para tener la sensación de que han llegado.

Farfalla 

General, VerdadesMay 28, 2008 5:47 pm

Desde hace tiempo estoy interesado en adquirir un lector de libros electrónicos, aunque algunos lo denominan libro electrónico, mejor lector de libros ya que permite leer miles. En concreto estuve mirando este

papyre

Información del producto aquí. Los motivos principales son los que a continuación detallo, se fabrica en España, o es un producto español, algo que me agrada, viene en un paquete todo lo que se necesita para que funcione sin problemas y su precio no es muy elevado.

 Hay una opción muy interesante también el iLiad, este además de leer permite escribir, su precio se duplica y me parece absurdo, me paso el día pegado a un ordenador y siempre llevo conmigo una pluma y una libreta.

 Necesito opiniones, ¿qué piensan de estos aparatos? ¿Alguien tiene alguno y me aconseja?

 

Gracias 

 

GeneralMay 20, 2008 5:54 pm

No te des por vencido, ni aún vencido,
No te sientas esclavo, ni aún esclavo;
Trémulo de pavor, piénsate bravo, 
y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
No la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora, 
o como Lucifer, que nunca reza, 
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…

¡Que muerda y vocifere vengadora,
Ya rodando en el polvo tu cabeza!

 

Almafuerte 

PolvosMay 17, 2008 3:25 pm




…dice Vargas Llosa en una de sus más emblemáticas novelas.

“Pero inmediatamente adivinó qué juego era ése, qué preguntaba la niña “de castigo” saltando de una a otra compañerita del círculo y cómo era rechazada siempre con el mismo estribillo:

    _ ¿Es aquí el Paraíso?

    _ No, señorita, aquí no. Vaya y pregunte en la otra esquina".

Paul Gauguin, pintor post-impresionista de verdes, azules e indescriptibles rojos. Flora Tristán, abuela de éste y fundadora del feminismo moderno. Dos vidas que Vargas Llosa hilvana y entrelaza de tal manera que en ocasiones parece que se vayan a rozar o a confluir en un punto imaginario de uno de los cuadros del pintor de la Polinesia.

En el fondo todos somos Floras y Gauguins, siempre mirando hacia adelante pensando que lo mejor está por venir y que probablemente será al doblar la próxima esquina cuando nuestra suerte cambie. Caminamos y caminamos pensando en lo que seremos o haremos cuando seamos o tengamos esto o lo otro. ¿Quién no tiene un Paraíso entre sus sueños?

Y a una esquina le sigue otra y hace falta toda una vida para comprender, a menudo demasiado tarde, que en realidad no son las esquinas lo que importa, sino lo que sucede mientras dejamos atrás una y nos dirigimos hacia la siguiente.

Farfalla

Verdades, Polvos, SinsentidosMay 10, 2008 3:16 pm

Este año en febrero ya había terminado mi lectura anual de "El Quijote", no entiendo como no es de lectura obligatoria para todo ciudadano mundial, pero bueno.

La semana pasada me decidí nuevamente a leer la Odisea, tengo un ejemplar que me regaló un amigo que por desgracia ha fallecido debido a un cáncer, mientras leía el libro, recordé una canción de Krahe que se titula Como Ulises, cuando la escuché por primera vez me di cuenta que hay genios en el mundo. La canción como dice el propio autor tiene un final diferente más adaptado a la realidad, lo que hace que sea todavía más una maravillosa y divertida obra maestra, aquí la dejo.

 

Como Ulises

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.

Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desepera
y muere. Fueron diez años.

Y me volví para casa,
pues de Itaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga?
Si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?

Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre esta desecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío y es eterno.

Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Itaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.

Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.

Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausicaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.

Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Itaca me está esperando.
Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.

Itaca al fin, veinte años,
Itaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.

Ahora soy un ex marido
u en ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor,
que se agotó su paciencia,
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios,
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.

Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi odisea
en otras tristes canciones.
Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

 Javier Krahe

Aquí se puede escuchar un fragmento, buscar por nombre y listo. La subiré cuando pueda.

 

P.D. Como aparece el nombre de una gran amiga en la letra, a ella va dedicada el post si se me permite (y sino también)

PolvosMay 5, 2008 12:26 pm

En estos días ando metida de lleno en otras letras de Vargas Llosa y, sin ser una entendida, diría que su última novela, Travesuras de la niña mala, supone un giro, o tal vez un guiño a su anterior prosa. Vargas Llosa vuelve con un vendaval de aire fresco, o casi mejor decir, con un huracán de sentimientos que salen al exterior con la presión de un frenesí casi desaparecido en la literatura de nuestros días.

Ricardo es un limeño de clase medio-alta cuya única aspiración en la vida es vivir en París y encontrar la estabilidad emocional. Conformista, generoso, impulsivo en medio de su pretendido pragmatismo. La Chilenita es un terremoto de mujer de origen humilde pero ansias aristocráticas, que centra su existencia en la estabilidad económica, pagando en ocasiones precios altísimos que el autor nos describe con un rigor que roza lo escatológico. Desde que él se enamora de ella en una fiesta pre-adolescente en el Perú velazquista, su vida queda sentenciada.

Ambos protagonistas vivirán su sórdido amor durante décadas en marcos como Londres, Tokio y Madrid, una suerte de relación masoquista que deja al lector con decenas de interrogantes acerca de la posibilidad de un sentimiento de semejante calibre. ¿Es normal dejarse manipular por una mujer cuando se es perfectamente consciente de que la maniobra terminará una y mil veces en humillación y desprecio? ¿Puede el ser humano adentraste en los entresijos más ocultos del amor-pasión a cambio de momentos extremos, a costa de la propia vida?

A Ricardo no parece importarle entregarse a una mujer varias veces casada –siempre con otros hombres-, calculadora hasta niveles maquiavélicos, fría como el témpano y sabedora del poder que ejerce sobre él.

Pero aunque la Chilenita y Ricardo parecen dos personajes opuestos y contradictorios, en el fondo tienen un común denominador: dejan pasar su vida en busca de algo que nunca encuentran, sabedores de que sólo son camino. Únicamente al final del libro el autor pretende, no estoy segura si con éxito, cerrar el círculo.

He leído la novela de un tirón, absolutamente enfrascada en la historia, en intentar hallarle un sentido. Pero me queda la duda de las verdaderas intenciones de Vargas Llosa. ¿Qué pretendía con esas escenas explícitas y reincidentes de sexo? ¿Por qué el marco social y político de la novela (los años 60, la dictadura velazquista, la reforma y la vuelta a la democracia en los 80) pasa casi desapercibido? ¿Por qué tanto énfasis en una historia de amor con la que es tan difícil identificarse?

¿O me estoy equivocando y el geriátrico final demuestra el triunfo del amor sobre todas las cosas?

¿Pero… qué cosas?

¿De qué sirve una historia de amor que termina más o menos bien, al final de los días, si durante toda una vida no ha supuesto más que sufrimiento irracional?

Farfalla