Verdades, Citas célebresJuly 30, 2008 9:25 pm

"La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión."

 Steven Weinberg. Físico estadounidense. Ganó en 1979 el Premio Nobel de Física junto con Abdus Salam y Sheldon Lee Glashow por combinar el electromagnetismo y la fuerza nuclear débil en el modelo electrodébil.

VerdadesJuly 27, 2008 7:59 pm



Recuerdo cuando de niña veía alguna de esas típicas comedias americanas que terminan con el baile de fin de curso. Primavera, invariablemente primavera. Eligen como reina siempre a la rubia y guapa más estúpida, y como rey al protagonista, mientras que al final de la sala de baile, el patito feo transformado en princesa por una noche –o sea, la protagonista- observa el veredicto con cara de cordero degollado.

Al final, sin giros demasiado rebuscados, la rubia termina con el vestido empapado en ponche o con un pastel sobre su oxigenada cabellera, mientras que la princesita es iluminada por el foco de Hollywood, justo antes del beso final –por fin- y de los créditos sobre una escena de globos de colores flotando a ritmo de una canción romántica y pegadiza, americana también.

Ayer por casualidad vi una película de este género en alemán. Una producción actual cuyo guión, sin embargo, podría ser calcado a alguno de hace veinte años. Durante dos horas estuve esperando el beso final, porque para eso sirven estas películas, y cuando llegó, me inundó una sensación terriblemente familiar: ese cosquilleo en el estómago acompañado de una sonrisa ligera, los ojos ligeramente humedecidos, sentir ese “clic” universal del que incluso uno mismo se siente partícipe.

De niña siempre soñé algo así para mi vida. No me importaban tanto las coronas o las fiestas, pero sí el beso de película, porque cuando los miraba en mi televisor, una especie de fuerza universal me decía que tenía que ser así, que el amor era precisamente aquello.

Han pasado los años y sigo pensando lo mismo. Tal vez las producciones norteamericanas no estuvieron tan lejos de recrear mis sueños. El chico más guapo del mundo (según mi parecer, huelga decir), la música de fondo, la sensación de sentirte la Cenicienta del siglo XX. La protagonista de un cuento de hadas: mi cuento de hadas.

La vida debería ser siempre así: bailes de príncipes y princesas que se reencuentran. Reinas destronadas. Primaveras perennes. Ponche en vasos de plástico. Globos de colores.

Globos de colores.

Farfalla 

 

General, Verdades, SinsentidosJuly 24, 2008 5:04 pm

Para este fin de semana largo, por lo menos en España, os dejo el monólogo más famoso de Rabinovich, espero que os guste, adoro a estos tíos


 

GeneralJuly 22, 2008 1:28 pm

Dado que el apasionante debate religioso debe llegar a su fin o se nos quedará a todos cara de crucifijo, y como no tengo aún el siguiente post listo, os regalo otro fragmento del mismo libro:

"Un drama vital siempre puede expresarse mediante una metáfora referida al peso. Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde. Pero ¿qué le sucedió a Sabina? Nada. Había abandonado a un hombre porque quería abandonarlo. ¿La persiguió él? ¿Se vengó? No. Su drama no era el drama del peso, sino el de la levedad. Lo que había caído sobre Sabina no era una carga, sino la insoportable levedad del ser".

Feliz tarde.

Farfalla 

PolvosJuly 20, 2008 3:53 pm


 

El interés que un libro suscita en mí es directamente proporcional al número de veces que me tengo que levantar a coger un lápiz para subrayar alguna idea. La insoportable levedad del ser lo he leído con un lápiz en la mano.

El párrafo que transcribo a continuación es sólo un ejemplo de las innumerables ideas de reflexión que el autor expone valiéndose de una trama sentimental en sí misma no demasiado novedosa. Pero la historia de Teresa, Tomás, Franz y Sabina es sólo una herramienta que permite a  Milan Kundera dar rienda suelta al porqué de las emociones más irracionales y a la condición del ser humano.

“Unos días más tarde se le ocurrió la siguiente idea […]: en el universo existe un planeta en el que todas las personas nacerán por segunda vez. Tendrán entonces plena conciencia de la vida que llevaron en la Tierra, de todas las experiencias que allí adquirieron.

Y existe quizás otro planeta en el que todos naceremos por tercera vez, con las experiencias de las dos vidas anteriores.

Y quizás existan más y más planetas en los que la humanidad nazca cada vez con un grado más (con una vida más) de madurez.

Ésa es la versión de Tomás del eterno retorno.

Claro que nosotros, aquí, en la Tierra (en el planeta número uno, en el de la inexperiencia), sólo podemos imaginar muy confusamente lo que le ocurriría al hombre en los siguientes planetas. ¿Sería más sabio? ¿Es acaso la madurez algo que pueda ser alcanzado por el hombre? ¿Puede lograrse mediante la repetición?

Sólo en la perspectiva de la utopía pueden emplearse con plena justificación los conceptos de optimismo y pesimismo: optimista es aquel que cree que en el planeta número cinco la historia de la humanidad será ya menos sangrienta. Pesimista es aquel que no lo cree”.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. ¿Nos servirá la teoría de Kundera como excusa comodín? ¿Es cierto que una vida no basta para aprender de los errores y rectificar? Yo no sé qué habrá de cierto en el párrafo de más arriba. Tampoco sé si existe manera humana de que la humanidad, valga lo que procede, se desprenda de su soberana incapacidad de aprender de sí misma. Lo que sí sé es que sólo pasamos por aquí una vez en la historia del Universo y no se nos da más oportunidad que la de aprender a base de caídas y trompicones. ¿Cuál es el espejo en el que nos deberíamos reflejar? ¿Cuál nuestro referente, nuestro ejemplo, nuestra guía? ¿Hacia qué dirección mirar para saber si vamos en la correcta? ¿Existe algún tipo de brújula universal, un GPS personalizado, un simple libro de instrucciones, tal vez?

De esta obra maestra poco más puedo decir que esté a la altura. Sólo una cosa: si no la habéis leído, haceros a vosotros mismos este regalo. Y cierro con dos frases, una de Kundera: Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga; y otra  medio mía: El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y hasta tres y cuatro.

Hemos dicho.

Farfalla 

Verdades, Polvos, SinsentidosJuly 17, 2008 9:05 pm

"…el optimismo no sólo es una falsa sino también perniciosa doctrina, por que éste presenta la vida como un deseable estado y a la felicidad como su esencia y objeto. Partiendo de esto, cada cual puede creerse como el más legitimado para proclamar la felicidad y la alegría. Si, como usualmente pasa eso no le entra en el lote, creerá que sufre una injusticia, y de hecho perderá el punto de equilibrio de su existencia; en vez de todo esto, mucho más correcto es recordar el trabajo, la privación, miseria, y sufrimiento, coronada por la muerte, como la verdadera esencia y objeto de nuestra vida (tal como afirman Brahmanismo y Budismo, y también el genuino Cristianismo), y que el triunfo consiste en negar a esa voluntad-de-vivir. En el nuevo testamento, el mundo es presentado como un valle de lágrimas, la vida como un proceso de purificación, y el símbolo del Cristianismo es un instrumento de tortura."

Schopenhauer

 

P.D. Estoy leyendo de nuevo este libro de Schopenhauer, tenía este párrafo anotado en una de mis libretas, tengo unas cuantas ya, en las que voy anotando lo que me va llamando la atención de cada primera lectura, luego en las posteriores releo primero la libreta correspondiente y a continuación el libro. Manías de lector, me ha llamado la atención no estar de acuerdo con la siguiente línea "es mucho más correcto recordar el trabajo…." cualquier otra cosa sí, pero el trabajo es una desgracia, un instrumento de tortura.

General, VerdadesJuly 12, 2008 8:35 pm

Este fin de semana he asistido a tres fiestas alemanas, y creo que la crónica social tiene suficiente empaque como para transformarla en post. La primera, una fiesta business en un garito cool de Frankfurt (o sea, “más” en Alemania no se puede); la segunda, una fiesta familiar en una pequeña ciudad de Baviera; y la tercera, una fiesta para niños.

La primera fiesta la celebraba una empresa en su quinto aniversario. Como el mundo de la moda en este país es una historia a parte, decidí preguntar cuál era el modo apropiado de vestirse para asistir al evento, y me dijeron que el dress-code era “chic”. Pero claro, imposible saber si se referían al chic de Sarah Jessica Parker o al de H&M. Al final, el que iba más arreglado llevaba una camisa de manga corta. Es curiosa la poca importancia que le dan los alemanes a esto del vestir. No es que tengan mal gusto (para eso ya tenemos la representación mundial de los ingleses y los americanos), sino un gusto escaso. Les falta sentido estético. Pero a ellos no les importa porque lo suyo es una elección consciente y compartida.

El cumpleaños treintañero estuvo muy bien, en el jardín de un bar-restaurante. Al lado celebraban una fiesta pre-boda, un evento en que cada persona que asiste tiene que romper un plato contra el suelo en señal de buen augurio de la pareja y en detrimento de su vajilla. Así que el hilo musical estuvo entretenido.

En la barbacoa, salchichas y cerdo sazonado (a la carne siempre le ponen de todo encima… al final ya no sabe a carne, sino sólo a lo que ponen encima). Varias salsas para acompañar. Entre la carne, el adobado y la salsa, eso era un carnaval de sabores. Kartoffelsalat, que no falte. Pero esto era sólo la antesala de lo que realmente adoran los alemanes: los pasteles. Había casi diez variedades diferentes, todas caseras y a cual más dulce. Para ellos no es un problema elegir: se ponen un poco de cada una y parece que el estómago tiene espacio para todo: el sazonado de la barbacoa, las salsas variadas, las Würste (o sea, salchichas), los pasteles y, por supuesto, la cerveza en dosis de medio litro y frecuencia de una tras otra non stop.

Con mi nivel de alemán de ir a comprar el pan, poco puedo aportar en una fiesta. Pero en ésta había un chico, amigo del cumpleañero, que hablaba español, así que tan pronto lo identifiqué y me identificó, entablamos conversación durante… minuto y medio más o menos, momento en que su novia, a través de un salto sobre sus tacones, apareció como caída del cielo. Nada de esto es literario, sino literal: hizo acto de presencia de repente, procedía de la nada, creo que llegó corriendo sobre sus elevadísimos y horteras zapatos. La rusa –era rusa- se plantó al lado del chico, interrumpió nuestra conversación y dijo: “Hallo, ich bin seine Freundin” (traducción simultánea que os puedo ofrecer gracias a mi nivel de ir a comprar el pan: “Hola, soy su novia”). Y acompañó la frase con una sonrisa estúpida, a medio camino entre la amenaza y el ridículo, que dejó en evidencia instantánea su coeficiente intelectual.

La tercera fiesta fue un cumpleaños de una niña que cumplía sus siete veranos. Se celebró en su casa y asistió un vendaval de niños, todos muy formales y bien educados. En un determinado momento se puso a llover en forma de diluvio universal, así que la fiesta, que se celebraba en el jardín, se tuvo que trasladar inmediatamente a la habitación de la susodicha. De repente, casi quince niños en pelotón se metieron en una habitación del tamaño del último piso en que viví en Barcelona. No pude evitar preguntarme qué habría pasado si una situación así me hubiera sucedido a mí de niña y nos hubiéramos tenido que meter quince niños en los ¿tal vez 10 metros cuadrados? que medía mi antigua habitación.

Y como colofón de crónica: esta niña adora los caballos, las conchas marinas y las piedras. Me sorprendió comprobar que todos los regalos que le llevaron sus amiguitos tenían que ver con caballos, conchas marinas y piedras. Pensé “Qué bien organizados están estos niños alemanes”. Más tarde me enteré de que ese acierto no fue fruto del azar, sino de una “Lista de cumpleaños”, es decir, como la de Bodas pero para niños. Vas a la tienda, consultas la Lista de la niña tal, y eliges el regalo que prefieras de entre una lista por ella especificada. Asombroso.

Ya veis, un poco de todo y para todos los gustos.

General, Verdades, SinsentidosJuly 8, 2008 6:48 pm

Walt Whitman es uno de los poetas preferidos de un buen amigo, el único con el que puedo discutir sobre literatura, poesía y demás temas relacionados con las letras más o menos en directo, nos vemos poco y por desgracia cada vez irá a menos. Lleva unos meses trabajando en otra ciudad que creo será durante bastante tiempo su lugar de residencia. Espero que no se agobie demasiado en tan bullicioso lugar.

Este poema me gusta por una razón muy simple, mi tiempo lo paso entre libros o haciendo deporte, todo al aire libre, nada de gimnasio o chorradas similares, transcurren mis aficciones entre la nieve, la playa o el monte, dependiendo de la época del año y del "mono" que uno tenga en ese momento. Por ello:

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneiss y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.
Es vano acelerar la vergüenza,
es vano que las plutónicas rocas,
me envíen su calor al acercarme,
es vano que el mastodonte se retrase,
y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
es vano que se alejen los objetos muchas leguas
y asuman formas multitudinales,
es vano que el océano esculpa calaveras
y se oculten en ellas los monstruos marinos,
es vano que el aguilucho
use de morada el cielo,
es vano que la serpiente se deslice
entre lianas y troncos,
es vano que el reno huya
refugiándose en lo recóndito del bosque,
es vano que las morsas se dirijan al norte
al Labrador.
Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
en la fisura del peñasco.

Versión de León Felipe

 

 Ojalá la gran mayoría se de cuenta algún día del daño que están haciendo las construcciones descontroladas y la tan mal llamada evolución.

PolvosJuly 7, 2008 10:48 am

Mordaz, entrañable, estimulante y profunda.

Esta joven autora, toda una revelación francesa que está atravesando fronteras, es de pluma ágil y lápiz afilado, ¡muy afilado! Nada escapa a su ojo crítico. Sus personajes podrían ser casi bíblicos: una portera culta, inteligente y con la vejiga pequeña, que se comporta de un modo elemental para no defraudar las expectativas de sus vecinos; una niña superdotada que tiene decidido que va a quemar la casa de su familia para suicidarse inmediatamente después porque no está de acuerdo con el mundo que le ha tocado vivir; y un millonario asiático que coloca flores de loto sobre los botones de la cadena de su WC (una flor para lo corriente; dos, para aguas mayores). Estos tres personajes dibujan un triángulo formado de relaciones que se tejen gracias a los pequeños (es decir, los más grandes) momentos de la vida, esos en que beber una taza de té a sorbitos cortos y pausados se convierte en el mayor placer del día.

“La literatura, por ejemplo, tiene una función pragmática. Como toda forma de Arte, tiene como misión hacer soportable el cumplimiento de nuestros deberes vitales. Para un ser que, como el humano, da forma a su destino a fuerza de reflexión y reflexividad, el conocimiento así obtenido tiene el carácter insoportable de toda lucidez desnuda. Sabemos que somos animales dotados de un arma de supervivencia y no dioses que dan forma al mundo con su propio pensamiento, y desde luego hace falta algo para que esta sagacidad sea para nosotros tolerable, algo que nos salve de la triste y eterna fiebre de los destinos biológicos. Entonces, inventamos el Arte, este otro procedimiento del animal que somos, con el fin de que nuestra especie sobreviva”.

El Arte me subyuga desde niña, probablemente herencia genética de mi padre, al que, como mi madre suele decir, le hablan las piedras. El Arte es para mí como los buenos modales: algo que da belleza a la vida y además apenas tiene coste alguno (a no ser que quieras colgar de tu salón un Monet). Nunca fue tan fácil disfrutar de la belleza ajena, ya sea en un museo, en un libro u observando la lámina de imitación que cuelga de una pared.

En el film El cartero y Pablo Neruda se cita que la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita. Con el Arte sucede igual. Por eso pasear los recovecos del Thyssen me eleva, por eso he llorado tantas veces (de belleza) ante una obra de Van Gogh, Canaletto o Botticelli. Por eso cuando observo un Gauguin, aunque sólo sea fotografiado, pienso que el arte tiene la virtud de colorear la vida con Rojos que sólo la paleta de los sueños puede lograr.

Entre los por mí llamados facilitadores de la vida (es decir, aquellas cosas pequeñas pero grandes que te pueden alegrar la existencia en sólo un segundo), se encuentra el Arte.

El primer café del día.

Una copa de buen vino a solas.

Flores frescas en el jarrón de la mesa del comedor.

La sensación que el sol deja sobre la piel tras una jornada de playa.

Entrar en el baño y notar el aroma de “su” colonia.

Las burbujas de una Coca-Cola explotando contra el paladar.

Un gesto que intentas capturar mientras se escapa.

Aquel recuerdo que siempre llega con sonrisa incorporada.

 
Yo sigo disfrutando de mis tés alemanes a cualquier hora del día, bebidos siempre a sorbitos cortos y pausados. Y ahora comprendo el lugar que este hecho ocupa en mi vida y en el universo.

Farfalla 

General, VerdadesJuly 3, 2008 4:36 pm
A medida que nos acercamos a la muerte, también nos inclinamos hacia la tierra. Pero no a la tierra en general sino a aquel pedazo, a aquel ínfimo pero tan querido, tan añorado pedazo de tierra en que transcurrió nuestra infancia. Y porque allí dio comienzo el duro aprendizaje, permanece amparado en la memoria. Melancólicamente rememoro ese universo remoto y lejano, ahora condensado en un rostro, en una humilde plaza, en una calle.

Ernesto Sabato