Polvos, Sinsentidos, El tinteroOctober 30, 2008 7:40 pm

A lo largo de siete cuentos, Kundera me vuelve a sorprender con su agilidad mental y su lenguaje incisivo. Una delicia para las neuronas una vez más, y no será la última.

“El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido”.

Así el instante desaparece en un abrir y cerrar de ojos (tal vez por eso en alemán “instante” se diga “Augenblick”, es decir, “mirada de ojo”). Por eso sólo tenemos verdadera consciencia de las cosas que nos suceden cuando las recordamos, y es en esos momentos cuando podemos apretar el “pause”, rebobinar, verlas a cámara lenta… y sentirlas mejor que si las estuviéramos viviendo, esto es, reviviéndolas.

“Pero así suele suceder en la vida: el hombre cree que desempeña su papel en determinada obra y no sabe que, mientras tanto, han cambiado el decorado en el escenario y, sin darse cuenta, se encuentra en medio de una representación completamente distinta”.

Y nos vemos obligados a aprender una y mil obras en las que tenemos que interpretar uno y mil personajes, y al final de la función, cuando los focos se apagan y el silencio entra por donde antes salió la gente, nos volvemos a quedar insultantemente solos, con la única reminiscencia del rayo de calor que dejó tras de sí el foco que un día nos iluminó.

“¡Con qué ligereza y con qué defectuosos materiales edifica el hombre sus excusas!”.

¿Será para convencernos a nosotros mismos de que así la mano de obra es más barata, o tal vez para que, en caso de reclamación, siempre podamos acudir a la mala calidad de la materia que sustentó nuestras acciones?

“Uno debe cabalgar permanentemente a lomos de las historias, esos potros raudos sin los cuales se arrastraría uno por el polvo como un peón aburrido”.

Y benditas sean las Historias en los particulares “files” de nuestros corazones. Bendito el recorrido que contigo he caminado, las piedras que hemos apartado juntos, las palabras que ya fueron dichas y sentenciadas. Bendita la función que todavía sigue y que se llama “Nuestra Historia”, sí, sólo nuestra: la Tuya y la Mía.

“Puede que te quiera mucho. Pero quizá por eso mismo será mejor que nos quedemos como estamos. Puede que un hombre y una mujer estén más cerca el uno del otro cuando no viven juntos y cuando simplemente saben que existen y que están agradecidos por existir y por saber el uno del otro. Y sólo con esto les basta para ser felices”.

Para ser felices en su Historia, única en forma y esencia. Porque cada Historia de dos es un mundo en sí misma, en el que no cabe nada más que esa Historia, ni nadie más que sus actores. Tal vez saber que existes sea tan bello como dejar un libro de Neruda encima de la mesilla de noche: aunque no lo leas cada noche, sabes que está ahí.

“Si no le dijeses más que la verdad, lo que realmente piensas de él, establecerías un diálogo en serio con un loco y tú mismo te convertirías en un loco. Y así es como nos funciona el mundo que nos rodea. Si insistiese en decirle la verdad a la cara, eso significaría que me lo tomo en serio. Y tomarse en serio algo tan poco serio significa perder la seriedad. Yo, hermano, tengo que mentir si no quiero tomarme en serio a los locos y convertirme yo mismo en uno de los locos”.

Para eso están las funciones y las Historias, por eso podemos elegir entre no mentir y parecer un loco, o mentir y serlo. Y en esta sutileza reside nuestro poder de decisión, lo que nadie nos puede arrebatar: ¿saltamos de un brinco al escenario o nos quedamos cómodamente sentados en el patio de butacas mientras vemos cómo los demás saltan?

Farfalla

General, Verdades, Sinsentidos, El tinteroOctober 29, 2008 11:45 am

Estuve releyendo este libro de Ortega y Gasset, hace años que lo tenía en un montón para revisarlo pero como no soy suelo dar importancia a temas sentimentales fui siempre dejándolo y ha llegado el momento. Además me han “regalado” una edición revisada con más escritos anexos que Ortega había ido añadiendo con los años. Creo que es una recopilación más actual que la mía, pero no me hagan caso. Venía sin cubiertas y bastante deteriorado. Al tema.

Ortega en las primeras páginas afirma:

“Hablemos del amor, pero comencemos por no hablar de “amores”. “Los amores” son historias más o menos accidentales que acontecen entre hombres y mujeres.”
Es una gran diferenciación inicial que muchos omiten cuando hablan de este vocablo que tanta fama ha ganado innecesariamente.Fama que gracias al poco valor que sé le da a las palabras ha conseguido sin necesidad de “despeinarse” demasiado. También afirma rotundamente:
“… en la mayor parte de los casos, hay en los “amores” de todo menos eso que en rigor merece llamarse amor.”

Añade Ortega en unas notas que titula “amor según Stendhal”:

“El enamoramiento, en su iniciación, no es más que eso: atención anómalamente detenida en otra persona. Si ésta sabe aprovechar su situación privilegiada y nutre ingeniosamente aquella atención, lo demás se producirá con irremisible mecanismo.”

Continua unos párrafos después afirmando:

“No se trata, pues, de un enriquecimiento de nuestra vida mental. Todo lo contrario. Hay una progresiva eliminación de las cosas que antes nos ocupaban. La conciencia se angosta y contiene sólo un objeto. La atención queda paralizada: no avanza de una cosa a otra”

Esta teoría la comparte un buen amigo mío y personalmente estoy bastante de acuerdo. Mi amigo es más radical que yo y cree que el mundo estaría a un nivel intelectual superior si se pudiese suprimir el amor hacia el sexo opuesto (o no tan opuesto), afirma sin miedo a equivocarse que es algo que puede ser sustituido por el interés que nos aporta el conocimiento, pero ese es otro tema, no menos interesante por cierto.

Ortega admite que: “Sólo hay un caso en que nuestra atención va por su propio pie a fijarse en otra persona, y, sin embargo, no se trata de enamoramiento. Es el caso del odio. Odio y amor son, en todo, dos gemelos enemigos, idénticos y contrarios. Como hay un enamoramiento, hay – y no con menor frecuencia – un “enodiamiento”.”

Tiene un interesante y divertido episodio que titula “Al microscopio” en él no duda en admitir algo que muchos creemos:

“La belleza que atrae, rara vez coincide con la belleza que enamora. Si el indiferente y el enamorado pudiesen comparar lo que para ambos constituye la belleza, el encanto de una y misma mujer, se sorprenderían de su incongruencia. El indiferente encontrará la belleza en las grandes líneas del rostro y de la figura, lo que en efecto suele llamarse belleza. Para el enamorado no existen, se han borrado ya esas grandes líneas, arquitectura de la persona amada que se percibe desde lejos. Si es sincero, llamará belleza a menudos rasgos sueltos, distantes entre sí: el color de la pupila, la comisura de los labios, el timbre de la voz…”

También estoy totalmente de acuerdo con Ortega en el siguiente párrafo, y me permito añadir un pequeño adelanto. Cuando la gente se enamora (permitan que me considere una excepción en este caso) parece perder el sentido, la mayoría se convierten en ridículos individuos que pululan sin ton ni son y se transforman en personas insoportables. Ortega dice:

“El amor es monótono, insistente, pesadísimo; no soportaría nadie que se le repitiese muchas veces la frase más ingeniosa, y, en cambio, exige la reiteración innumerable de que el ser amado lo ama. Viceversa: cuando alguien no ama, el amor que es delicado le desespera, le atosiga por su extremada pesadumbre.”

El libro es interesante y no quiero descubrirlo aquí pero si quiero añadir un par de párrafos más, uno optimista y bastante realista afirma:

“Amar es algo más grave y significativo que entusiasmarse con las líneas de una cara y el color de una mejilla; es decidirse por un cierto tipo de humanidad que simbólicamente va anunciado en los detalles del rostro, de la voz y del gesto”

Y para finalizar un par de notas más que creo serán las que susciten un interés mayor y también muchas más críticas y opiniones adversas, con ello finalizo:

“La historia es, sin remisión, el reino de lo mediocre. La Humanidad sólo tiene de mayúscula la hache con la que la decoramos topográficamente. La genialidad mayor se estrella contra la fuerza ilimitada de lo vulgar. El planeta está, al parecer, fabricado para que el hombre medio reine siempre. Por eso lo importante es que el nivel medio sea lo más elevado posible. Y lo que hace magníficos a los pueblos no es primariamente sus grandes hombres, sino la altura de los innumerables mediocres.”
“Digámoslo con toda crudeza: a la mujer no le han interesado nunca los genios, como no fuera “per accidens”; es decir, cuando a lo genial de un hombre van adyacentes condiciones poco compatibles con la genialidad…. Todos los talentos y esfuerzos específicamente masculinos que han engendrado y engrosado la cultura y excitan el entusiasmo varonil son nulos para atraer por sí mismos a la mujer. Y si buscamos cuáles son, en cambio, las cualidades que le enamoran, hallamos que son los menos fértiles para la perfección general de la especia, las que menos interesan a los hombres.”

Lo último ya para no cansar demasiado al lector que halla llegado tan lejos, un párrafo que todavía desde mi punto de vista es actual:

“De las bellezas oficiales sólo se enamoran los tontainas y los mancebos de botica. Son monumentos públicos, curiosidades que uno contempla de lejos y sin detenerse. Ante ella se siente uno turista y no amante”

Esto me recuerda a lo que quería expresar en una de mis últimas anotaciones.

General, Verdades, SinsentidosOctober 20, 2008 5:06 pm

Me puse en marcha a eso de las seis de la tarde, me esperaban unos ciento treinta kilómetros que esta vez si servirían para algo. Deseaba llegar, deseaba encontrarme con esa puerta y esperar sentado en un banco leyendo un libro, un libro que era un regalo, un libro que tiene unos veinte años, libro que se conserva casi impoluto y que es un clásico de la literatura gallega, literatura que por cierto ya no me interesa en demasía, pero hay que reconocer que es bella, eso sí, mucho menos que quien recibió el regalo pero al fin y al cabo bella.

Justo a la hora exacta siento unos pasos, giro mi cabeza, me levantó y de repente, un abrazo, una mirada, otro abrazo, dos besos, otra mirada, otro abrazo; un “por fin”, un “ya era hora”, “cuanto tiempo esperando”.

Comenzamos a caminar, una charla; unos segundos después, otra mirada, otro abrazo. Seguimos marchando, en medio de una plaza, una iglesia, un vistazo rápido, un “hermoso lugar”. Una nueva calle de un casco antiguo, un cruce, un semáforo, un parque. La mejor compañía posible.

De repente todo parece normal, algo habitual que sucede a diario, o casi. No parece un primer encuentro, nuestras palabras se mezclan, de vez en cuando se interrumpen, una idea, una afirmación categórica, un quizás.

Todo esto y mucha más sucedió un maravilloso miércoles, un miércoles inolvidable en el que por fin conseguimos vernos en persona – ya hubo un intento fallido, una oportunidad perdida – los dos lo esperábamos ansiosos (no me equivocó al decir los dos, aunque esto es una apreciación personal).

Por fin coincidimos en la vida real, después de muchos años de contacto virtual. Nos unen las letras, el amor por ciertos autores, un pequeño espacio que es una gran maravilla poder compartir. Nos distancia un optimismo increíble, un pesimismo real; una belleza sublime, un careto deforme; miles de kilómetros.

Reconozco que la noche anterior descanse poco, imagino que la espera es angustiosa cuanto más cerca se vislumbra el momento del encuentro.

Me faltaba solo sentirla más presente. Es algo que sabes que sucederá, aunque nunca cuando, pero lo esperas ansioso, como si te fuese la vida en ello. Como si no pudieses desaparecer sin haber cumplido ese deseo.

Una mujer maravillosa, una mente brillante, una perfección increíble, todo eso y mucho más apareció ante mí un miércoles a las 8:30 de la tarde, mientras esperaba en un banco leyendo un libro de Castelao.

No puedo describirla con palabras, no creo que exista ninguna lo suficientemente hermosa para poder usarla sin desmerecerla. Solo puedo afirmar que es bellísima, que tiene un corazón increíble, un cerebro privilegiado y encima es una gran escritora, por mucho que le “joda” reconocerlo.

La verdad, me gustaría tenerla más cerca, poder compartir un café de vez en cuando, una charla, un paseo, un breve intercambio de ideas. Pero aún así, aunque miles de kilómetros separen nuestros hogares tengo que sentirme feliz, algo impensable para mí, feliz porque puedo decir que es mi amiga.

Algunas palabras se usan con demasiada frecuencia, se usan sin entender su significado real, han perdido valor o se ha ido atenuando. El idioma tal como lo conocemos acabará desapareciendo por el mal uso, por un uso incorrecto y poco cuidado que la mayoría realiza. Por ello esa palabra, amistad para mí tiene un valor especial, al igual que muchas otras, amor, felicidad, odio…

Puedo decir sin miedo a equivocarme que disfruto de la amistad de una gran persona, una gran mujer. Una mujer maravillosa que aunque parezca mentira siento cerca y quiero, quiero mucho. Una mujer bellísima, que posee un gran corazón y que es mucho más hermosa de lo que pueda imaginar.

Para terminar solo quiero decir: “Guapa, te quiero, eres increíble y espero que sepas que para lo que necesites puedes contar conmigo, que me has hecho muy feliz al poder encontrarnos por fin, que jamás olvidaré ese primer encuentro, que te advierto que no será el último. Y que en el próximo, la cena (comida o lo que se tercie) corre de mi cuenta”.

Un beso enorme

Verdades, Sinsentidos, El tinteroOctober 19, 2008 1:29 pm


 

Sí, las tengo. Por fin. Después de años de espera, viajes postergados, oportunidades perdidas. Pero ya las he comprado: las entradas para el Museo Van Gogh. Dentro de menos de una semana estaré perdida entre la magia de los canales de Amsterdam y el aroma adelantado de tulipanes que tapizarán su primavera. Dentro de menos de una semana estaré literal y literariamente sumergida en la mayor concentración de genialidad que la pintura impresionista nos ha dejado.

No recuerdo desde cuándo Van Gogh es para mí una pasión. Es como si siempre hubiera formado parte de mi vida, más desde aquel lejano día en que alguien me regaló una de sus reproducciones, la Noche estrellada. Recuerdo que llevé a enmarcar ese metro por metro treinta y que me costó 16.000 de las memorables pesetas, en aquel entonces un capital para una estudiante como yo.

Pero ese cuadro me ha acompañado siempre. Colgó en mi habitación de la casa de mis padres y después me siguió en las numerosas mudanzas que he realizado, unas veces presidiendo paredes, otras apoyado en el suelo, algunas incluso embalado en un trastero esperando su turno, que siempre llegaba.

No os podría describir lo que he sentido cada vez (pocas) que la vida me ha permitido ver de cerca un Van Gogh. Una explosión interior, una confluencia de fuerzas, una concatenación de fuegos artificiales. Por eso me resulta difícil imaginarme rodeada de decenas y decenas, ¿serán cientos? de cuadros de mi genio particular. Sólo de pensarlo me emociono.

Os cortopego algo que escribí en mi anterior blog en un intento no sé si fallido de describir esa Noche Estrellada. Espero que os guste, porque ese cuadro es el mejor espejo de mi Alma que he encontrado.

“Me descalzo y meto un pie dentro del lienzo. Está frío, pero me gusta su viscosidad. Dejo que mis dedos chapoteen entre las tonalidades frías del óleo: he entrado por el vértice inferior derecho. Resbalo. No sé qué rumbo deberían tomar mis pies, dudo si dirigirlos al pueblo que bajo trazos impresionistas reposa, o elevarlos directamente a esa vorágine a la altura del cielo. Pero sí sé que este cuadro soy yo, que dibuja la esencia de mis alas con la maestría de un genio y la certeza de algunos recuerdos.

Camino entre casas apagadas, rumbo a ese tejado carmesí. Los tejados son las metas a las que me dirijo, las que vislumbro, por las que lucho. Me pierdo entre callejuelas vestidas de árboles azules. Es lo que tienen los paseos oníricos: uno puede pintar los elementos del color que guste y no sentirse un loco. Este pueblo representa mi parte en reposo, que también tengo, aunque escondida. Es el lugar al que en última instancia acudo para refugiarme de mí misma. Y de ti. Son puertas cerradas pero ventanas abiertas. Es un avispado aguijón hecho cúpula de iglesia rompiendo serenas horizontalidades.

Y ahí aparecen con toda su majestuosidad: los cipreses que son mi Alma. Serpentean ondulantes, certeros, sin perder de vista su Destino: ése centelleante cielo que todo lo esconde y todo lo puede. Sus ramas se elevan desviándose sólo lo justo para crear ángulo, asentar raíces y llegar alto con garantías. Nunca se detienen, no hay opacidad que las intimide ni noche que las detenga. Suben y suben y suben al compás de un viento que ulula: el aire que respiro. Y llegan y llegan y llegan a un cielo en el que son reinas y princesas, un cielo en que cada estrella es una galaxia, un cielo sin sol…

… pero con esa Luna que no es otra cosa que mi Corazón. Subida en una estrella centrífuga me deslizo entre dunas de brillos y espirales de luz para llegar hasta ella. Sacudo mis pies de restos de óleo, y en forma de gotas densas caen ocres y azules, verdes y amarillos, e incluso una chispa de rojo pasión. Y ahí me quedo: sentada sobre el cuerno de mi Luna, inmersa en un torbellino de fulgores sin color, o con todos los colores, oteando el pueblo sereno que soy en ocasiones, los cipreses trepadores que conducen mi Alma y el cielo llameante en cuyo manto cada estrella es uno de mis Sueños”.

Farfalla

Verdades, Polvos, SinsentidosOctober 14, 2008 6:13 pm

Llevaba unos días buscando un fragmento que tenía anotado en una de mis libretas, al final apareció. Se trata de un libro de Proust, “En busca del tiempo perdido” (aprovecho para utilizarlo como título, es justo lo que necesitaba), quería enviarlo a una amiga, para intentar aclararle algo que dije durante nuestro encuentro, creo que paseando y me atreví a repetir en la cena. Mejor dicho, no aclararlo, explicarlo de una manera más correcta. Es el siguiente:

Y hasta ese acto tan sencillo que llamamos “ver a una persona conocida” es, en parte, un acto intelectual. Llenamos la apariencia física del ser que está ante nosotros con todas las nociones que respecto a él tenemos, y el aspecto total que de una persona nos formamos está integrado en su mayor parte por dichas nociones. Y ellas acaban por inflar tan cabalmente las mejillas, por seguir con tan perfecta adherencia la línea de la nariz, y por matizar tan delicadamente la sonoridad de la voz,  como si ésta no fuera más que una transparente envoltura, que cada vez que vemos ese rostro y oímos esa voz, lo que se mira y lo que se oye son aquellas nociones.

Solo me queda darle las gracias. No tengo palabras suficientes -habría que inventar alguna más hermosa- para agradecerle ese correo avisando de un futuro encuentro, futuro que llego pronto y se convirtió en un encuentro presente, ahora ya pasado. Y todo se añora, sobre todo lo que ha sido, aunque haya posibilidad de repetir, la espera siempre es angustiosa, menos mal que podemos seguir en contacto, aunque sea virtual.

 

Un beso y un abrazo enorme(s). Está vez solo para ti. Eres preciosa, pero mucho más hermosa.