Estuve releyendo este libro de Ortega y Gasset, hace años que lo tenía en un montón para revisarlo pero como no soy suelo dar importancia a temas sentimentales fui siempre dejándolo y ha llegado el momento. Además me han “regalado” una edición revisada con más escritos anexos que Ortega había ido añadiendo con los años. Creo que es una recopilación más actual que la mía, pero no me hagan caso. Venía sin cubiertas y bastante deteriorado. Al tema.

Ortega en las primeras páginas afirma:

“Hablemos del amor, pero comencemos por no hablar de “amores”. “Los amores” son historias más o menos accidentales que acontecen entre hombres y mujeres.”
Es una gran diferenciación inicial que muchos omiten cuando hablan de este vocablo que tanta fama ha ganado innecesariamente.Fama que gracias al poco valor que sé le da a las palabras ha conseguido sin necesidad de “despeinarse” demasiado. También afirma rotundamente:
“… en la mayor parte de los casos, hay en los “amores” de todo menos eso que en rigor merece llamarse amor.”

Añade Ortega en unas notas que titula “amor según Stendhal”:

“El enamoramiento, en su iniciación, no es más que eso: atención anómalamente detenida en otra persona. Si ésta sabe aprovechar su situación privilegiada y nutre ingeniosamente aquella atención, lo demás se producirá con irremisible mecanismo.”

Continua unos párrafos después afirmando:

“No se trata, pues, de un enriquecimiento de nuestra vida mental. Todo lo contrario. Hay una progresiva eliminación de las cosas que antes nos ocupaban. La conciencia se angosta y contiene sólo un objeto. La atención queda paralizada: no avanza de una cosa a otra”

Esta teoría la comparte un buen amigo mío y personalmente estoy bastante de acuerdo. Mi amigo es más radical que yo y cree que el mundo estaría a un nivel intelectual superior si se pudiese suprimir el amor hacia el sexo opuesto (o no tan opuesto), afirma sin miedo a equivocarse que es algo que puede ser sustituido por el interés que nos aporta el conocimiento, pero ese es otro tema, no menos interesante por cierto.

Ortega admite que: “Sólo hay un caso en que nuestra atención va por su propio pie a fijarse en otra persona, y, sin embargo, no se trata de enamoramiento. Es el caso del odio. Odio y amor son, en todo, dos gemelos enemigos, idénticos y contrarios. Como hay un enamoramiento, hay – y no con menor frecuencia – un “enodiamiento”.”

Tiene un interesante y divertido episodio que titula “Al microscopio” en él no duda en admitir algo que muchos creemos:

“La belleza que atrae, rara vez coincide con la belleza que enamora. Si el indiferente y el enamorado pudiesen comparar lo que para ambos constituye la belleza, el encanto de una y misma mujer, se sorprenderían de su incongruencia. El indiferente encontrará la belleza en las grandes líneas del rostro y de la figura, lo que en efecto suele llamarse belleza. Para el enamorado no existen, se han borrado ya esas grandes líneas, arquitectura de la persona amada que se percibe desde lejos. Si es sincero, llamará belleza a menudos rasgos sueltos, distantes entre sí: el color de la pupila, la comisura de los labios, el timbre de la voz…”

También estoy totalmente de acuerdo con Ortega en el siguiente párrafo, y me permito añadir un pequeño adelanto. Cuando la gente se enamora (permitan que me considere una excepción en este caso) parece perder el sentido, la mayoría se convierten en ridículos individuos que pululan sin ton ni son y se transforman en personas insoportables. Ortega dice:

“El amor es monótono, insistente, pesadísimo; no soportaría nadie que se le repitiese muchas veces la frase más ingeniosa, y, en cambio, exige la reiteración innumerable de que el ser amado lo ama. Viceversa: cuando alguien no ama, el amor que es delicado le desespera, le atosiga por su extremada pesadumbre.”

El libro es interesante y no quiero descubrirlo aquí pero si quiero añadir un par de párrafos más, uno optimista y bastante realista afirma:

“Amar es algo más grave y significativo que entusiasmarse con las líneas de una cara y el color de una mejilla; es decidirse por un cierto tipo de humanidad que simbólicamente va anunciado en los detalles del rostro, de la voz y del gesto”

Y para finalizar un par de notas más que creo serán las que susciten un interés mayor y también muchas más críticas y opiniones adversas, con ello finalizo:

“La historia es, sin remisión, el reino de lo mediocre. La Humanidad sólo tiene de mayúscula la hache con la que la decoramos topográficamente. La genialidad mayor se estrella contra la fuerza ilimitada de lo vulgar. El planeta está, al parecer, fabricado para que el hombre medio reine siempre. Por eso lo importante es que el nivel medio sea lo más elevado posible. Y lo que hace magníficos a los pueblos no es primariamente sus grandes hombres, sino la altura de los innumerables mediocres.”
“Digámoslo con toda crudeza: a la mujer no le han interesado nunca los genios, como no fuera “per accidens”; es decir, cuando a lo genial de un hombre van adyacentes condiciones poco compatibles con la genialidad…. Todos los talentos y esfuerzos específicamente masculinos que han engendrado y engrosado la cultura y excitan el entusiasmo varonil son nulos para atraer por sí mismos a la mujer. Y si buscamos cuáles son, en cambio, las cualidades que le enamoran, hallamos que son los menos fértiles para la perfección general de la especia, las que menos interesan a los hombres.”

Lo último ya para no cansar demasiado al lector que halla llegado tan lejos, un párrafo que todavía desde mi punto de vista es actual:

“De las bellezas oficiales sólo se enamoran los tontainas y los mancebos de botica. Son monumentos públicos, curiosidades que uno contempla de lejos y sin detenerse. Ante ella se siente uno turista y no amante”

Esto me recuerda a lo que quería expresar en una de mis últimas anotaciones.