Verdades, Polvos, SinsentidosDecember 28, 2008 7:49 pm

Lo siento, de verdad, no era mi intención opinar en este espacio sobre ningún tema político, social o actual. Solo quería compartir con mi amiga un espacio común en el que se hablase de literatura o cualquier tema relacionado. Pero esta tarde he leído con calma un artículo de Reverte en "El Semanal", quien me conoce sabe que los únicos libros de Reverte que me parecen respetables son los primeros, el resto son más comerciales, están peor escritos y como opinión personal es suficiente. Pero como articulista, de vez en cuando dice verdades como puños. Así que aquí este artículo que ha publicado hoy, de verdad, pido disculpas de nuevo, no volverá a suceder. El título dice mucho.

 Esas madres perversas y crueles

      

No tiene nada que ver con que este domingo sea día de los Inocentes. En absoluto. Ni con los niños degollados, ni con las bromas tradicionales hechas al prójimo incauto. El caso es real como la vida misma –la vida española misma, maticemos– y sale en los periódicos: madre condenada a cuarenta y cinco días de cárcel y a un año de alejamiento de su hijo de diez años, porque hace dos, en el curso de una refriega doméstica, le dio una colleja al enano, con tan mala suerte que éste se dio contra el lavabo y sangró por la nariz. Y claro. En este faro ético de Occidente donde moramos, tan salvaje agresión doméstica no podía quedar sin castigo. El hecho de que hayan pasado dos años desde entonces, y de que el menor fuese un poquito gamberro y desobediente, se negara a hacer los deberes y acabara de tirar a su madre una zapatilla, corriendo a encerrarse a continuación en el cuarto de baño, de donde no quería salir, no fue considerado atenuante por la dura Lex sed Lex. Tampoco se tuvo en cuenta que se trataba de un incidente aislado, y no de malos tratos habituales; ni el hecho obvio de que, en un pueblo pequeño como es el de esa familia, una orden de alejamiento supone que uno de los dos, madre o hijo, debe hacer las maletas y largarse del pueblo.

Pero no importa, oigan. Estoy con la juez que entendió el asunto: no hay atenuante que valga. Es más: tengo la certeza moral de que a ustedes, como a mí –siempre de parte de la ley y el orden–, la de esta cruel madre torturadora les parece sentencia justa y ejemplar. Como bien ha argumentado no sé qué asociación de derechos infantiles, «a los niños no se les pega». Y punto. Así de simple. Y menos en estos tiempos, cuando tan fácil es sentarse a dialogar con ellos a cualquier edad y afearles su conducta con argumentos de peso intelectual. A ver qué le habría costado a esa madre pagar a un cerrajero para que abriese la puerta del cuarto de baño y después, mirando muy fijamente a su hijo de diez años a los ojos, decirle: «Hijo mío, ya dijeron Sócrates y San Agustín que a las madres no se les tiran zapatillas. De seguir así, el día de mañana la sociedad te expulsará de su seno. Así que tú mismo. Atente a las consecuencias».

En mi opinión, la Justicia se queda corta. Una madre capaz de perder el control de esa manera brutal e inexplicable debería ser castigada con más contundencia. Y no con una pena mayor, como solicitaba la fiscalía –la juez fue clemente, después de todo, quizá por solidaridad de género y génera–, sino con medidas drásticas e implacables. Porque, so pretexto de no haber antecedentes penales ni constancia de malos tratos anteriores, la madre se ha ido de rositas. Asquerosamente impune, o casi. Y si de mí dependiera, esa delincuente sin escrúpulos ni conciencia habría ingresado inmediatamente en prisión para comerse cinco años de talego, por lo menos. O más. Y cuando saliera –aunque procuraría aplicarle la doctrina Parot para impedirlo–, le calzaría una pulsera con Gepeese y una orden de alejamiento, no del hijo y de su pueblo, sino de España. Al puto exilio. Por perra. Y por supuesto, le retiraría la custodia del niño y se lo daría a alguna familia modélica, como por ejemplo a los Albertos. Para que aprenda.

Pero no hay mal que por bien no venga, oigan. Todo esto me ha dado una idea. De pequeño me sacudieron las mías y las del pulpo; y va siendo hora, creo, de que los culpables de aquel infierno paguen lo que hicieron. Yo también exijo justicia. Mi padre, sin ir más lejos, me dio una vez cuatro bofetadas que hoy le habrían costado, por lo menos, un destierro a Ceuta. Y mi madre, hasta que tuve edad suficiente para inmovilizarla con hábiles llaves de judo, no vean cómo nos puso con la zapatilla, durante años atroces, a mi hermano y a mí. Guapos, nos puso. Por no hablar de los Maristas, donde el hermano Severiano nos torturaba bestialmente dándonos capones en clase, y donde el Poteras –a quien Dios haya perdonado–, cada vez que le pegábamos fuego a una papelera o escribíamos El Poteras es un cabrón en la pizarra, nos aplicaba la intolerable violencia de endiñarnos con el puntero y la chasca sin respeto por nuestros derechos humanos. Como en Guantánamo. Y así ha salido mi generación, perdida. De trauma en trauma. Por eso va siendo hora de que los culpables rindan cuentas a la Justicia. Memoria histórica para el nene y la nena. Barra libre. Así que voy a pedirle al juez Garzón que abra una causa general que los ponga firmes a todos. Que encierre en la cárcel a los que sigan vivos, que alguno queda –tiembla, Severiano–, y desentierre a los otros para escupir sobre sus huesos. A mi padre, por ejemplo, ya no lo pillan. Lástima. Pero mi madre sigue ahí, tan campante. Sus ochenta y cuatro años no tienen por qué ponerla a salvo de su cruel salvajismo de antaño. En esta España, líder moral de Occidente, lo de la zapatilla no puede quedar impune. O sea. Más vale tarde que nunca.

Arturo Pérez-Reverte

Verdades, El tinteroDecember 20, 2008 11:57 am

 

Leyendo El Mundo en su versión digital, acabo de encontrar un artículo de Isabel F. Lantigua que habla de los beneficios de la nostalgia. Y como el tema nos viene al dedillo, os animo a leerlo. Lo encontraréis en el siguiente link:

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2008/12/19/neurociencia/1229709456.html

A grandes rasgos viene a decir que sentir nostalgia puede incluso producir alegría (atención a la paradoja), porque aumenta la autoestima, reduce la soledad e incrementa la creatividad.

Cortopego a continuación un fragmento que me parece intesante porque explica la procedencia del término.

¿A que no sabíais que el origen de la palabra "nostalgia" se remonta al viajero Ulises?


"La historia de un sentimiento

Fue Ulises, el itinerante más famoso de la historia, el que inspiró sin saberlo el término nostalgia. Tras salir victorioso de la Guerra de Troya, el único objetivo del guerrero, según cuenta Homero, era regresar a su isla natal, Ítaca, y reunirse con su esposa Penélope. Un periplo que duró nada más y nada menos que una década.

Durante los tres primeros años, Ulises se enfrentó con todo tipo de monstruos y criaturas. Y de todos los combates salió victorioso. Después llegó a la isla de Ogigia, donde la ninfa Calipso lo acogió entre sus brazos durante siete años. El amor posesivo de Calipso por Ulises la llevó a hacerle una oferta, aparentemente irrechazable. "Si te quedas conmigo gozarás de la inmortalidad y de una juventud eterna", le dijo. Pero la respuesta del héroe no fue la esperada por la ninfa. "¡No te enojes venerada deidad! Conozco muy bien que la prudente Penélope te es inferior en belleza y en estatura; siendo ella mortal y tú inmortal y exenta de vejez. No obstante, deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta" (Odisea, V, 215-225).

El amor romántico de Ulises por Penélope y su imagen abatida en la costa, mirando fijamente el mar y pensando en su regreso, han dado sentido a la palabra nostalgia, que viene de ‘nostos’ (retorno) y ‘algos’ (dolor).

Aunque, según indica Wildschut, las referencias a esta emoción se pueden encontrar también en textos de Hipócrates, Julio César e, incluso, en la Biblia".

GeneralDecember 16, 2008 9:39 pm

Hace un tiempo me han ofrecido un nuevo trabajo, trabajo que he aceptado. Todo ello ha implicado una mudanza, la pérdida de cierta tranquilidad y la necesidad de demostrarme que puedo ser capaz de avanzar más profesionalmente, algo que no estaba en mis planes. Ahora sé lo que he perdido. Ha sido mucho, creo que el beneficio, si existe, se verá a largo plazo, o incluso a corto si no soy capaz de llevar a cabo mi nuevo trabajo y me despiden.

Conmigo se han venido unos cincuenta libros, los mínimos. Me ha costado decidir a los elegidos. De todas formas con el papyre tengo unos 7000 en la tarjeta de memoria. Han venido conmigo todos los de Borges y Bioy Casares, las cuatro ediciones del Quijote que poseo, seis de Javier Marías, tres de Macedonio Fernández, alguno de Octavio Paz, Julián Marías, Ortega y Gasset, Stevenson y muchos otros… He perdido muchos, mejor dicho los he abandonado, este fin de semana iré a buscarlos. Ellos no lo harían.

 Lo perdido

¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo

y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido

de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,

según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.

Polvos, El tinteroDecember 7, 2008 5:41 pm

 

 Mitiga el tiempo la aurora de ese beso
que asoma intacto a la ventana de olvido
aún hoy, en este atardecer tardío
de nostalgia envuelta en un manto de impotencia.