Hace un tiempo me han ofrecido un nuevo trabajo, trabajo que he aceptado. Todo ello ha implicado una mudanza, la pérdida de cierta tranquilidad y la necesidad de demostrarme que puedo ser capaz de avanzar más profesionalmente, algo que no estaba en mis planes. Ahora sé lo que he perdido. Ha sido mucho, creo que el beneficio, si existe, se verá a largo plazo, o incluso a corto si no soy capaz de llevar a cabo mi nuevo trabajo y me despiden.
Conmigo se han venido unos cincuenta libros, los mínimos. Me ha costado decidir a los elegidos. De todas formas con el papyre tengo unos 7000 en la tarjeta de memoria. Han venido conmigo todos los de Borges y Bioy Casares, las cuatro ediciones del Quijote que poseo, seis de Javier Marías, tres de Macedonio Fernández, alguno de Octavio Paz, Julián Marías, Ortega y Gasset, Stevenson y muchos otros… He perdido muchos, mejor dicho los he abandonado, este fin de semana iré a buscarlos. Ellos no lo harían.
Lo perdido
¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.
