General, Verdades, Polvos, SinsentidosJanuary 13, 2009 8:52 pm

Este año he vuelto a leer de nuevo "El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha", debido a mi cambio de domicilio he tardado más de lo habitual, lo he terminado hace apenas dos días, mejor dicho dos noches.

Es una tradición que creo morirá el día que fallezca, no entiendo como a la gente se le hace tan pesado la lectura de esta obra. Son de obligada lectura anual muchos libros, entre ellos alguno de Borges, "La Odisea" -que no es de Borges-, muchos de Stevenson, no menos de Ibsen y una larga lista que no mencionaré por no aburrir demasiado. Y son de obligada lectura anualmente porque aunque parezca mentira la mayoría olvida. Todos olvidamos.

Por ello debemos recordar a Penélope y Telémaco, no podemos dejar de adorar a Sancho ni tampoco a Pierre Menard, autor del Quijote, es necesario saber quien es Funes el mentiroso, porque Funes jamás morirá, es una desgracia de la que pocos jamás se podrán desprender. Tadeo Isidoro Cruz también la sufre, no conocerá nunca a la muerte, esa oscura maravilla que nos acecha. Otro inmortal es el doctor Jekyll y como no Mr. Hyde.

Aunque es importante rememorar a muchas personas, porque aunque no lo crean tienen alma, un alma más fuerte y real que la de la mayoría de los simples mortales, no es menos interesante, recordar ciertas historias. Una de ellas se titula "El diablo de la botella" otra del mismo autor lleva por título "El ladrón de cadáveres". También me gustaría añadir los tres volúmenes de "Tu rostro mañana" como algo imprescindible para ser rememorado, algo actual y ya necesario, casi imprescindible, aunque primero habrá que releer "Ulises", "La Iliada", "El Aleph", "Peer Gynt" y tantos otros que es absurdo continuar con la lista sería demasiado extensa.

Todos los años igual, hay pocas novedades, muchas relecturas y lo más increíble es que jamás defraudan, nunca lo harán por mucho que sepamos párrafos de memoria, incluso libros enteros, ellos están ahí para nuestro disfrute, para hacernos felices. Nuestra obligación, leer. Ya lo decía Borges, "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído"

PolvosJanuary 3, 2009 8:27 pm

Hace un par de días tuve la oportunidad de ver, debo reconocer que no sin temor, la adaptación cinematográfica de “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez. A pesar de que soy una gran aficionada al cine y de que esta novela es, desde el punto de vista literario, mi libro de cabecera, he esperado muchos meses antes de animarme a verla por miedo a sentir lo que finalmente he sentido.

Lo podría resumir en una frase: qué manera tan indigna de atentar contra una obra maestra.

Soy consciente de que el reto no era moco de pavo pero Ronald Harwood, encargado de adaptar esta novela, cuenta con un currículum que le avala donde encontramos otras grandes adaptaciones como El Pianista. Su misión no era más –ni menos- que ser capaz de traducir en imágenes el universo que García Márquez magistralmente supo plasmar sobre el papel. Y se ha quedado a años luz de conseguirlo.

La película no es más que una secuencia de escenas que discurren con la intensidad de un encefalograma plano, sin generar expectativas ni levantar pasiones. Las interpretaciones no son todo lo creíbles que debieran y el espectador no consigue meterse dentro de la trama. Durante dos horas asistimos a un ir y venir de sentimientos sin reciprocidad, reducidos a un conjunto de palabras bonitas. Bonitas pero huérfanas. Bonitas porque son de García Márquez y pueden sólo ser bonitas.

A favor, diré que casi toda la película ha sido puesta en escena con rigor casi documental, lo cual es de agradecer teniendo en consideración cómo gustan algunos cineastas de tergiversar y adornar realidades literarias. Otro punto fuerte es, sin duda, la banda sonora, interpretada por una espléndida Shakira. Sus letras llegan mucho más hondo y directo que los fotogramas.

Durante gran parte  del film mantuve la novela entre mis manos. En cierto momento la apreté fuerte y le susurré: “Siento que te hayan hecho algo así”.

Cierro el post haciendo alusión a su título: el tiempo que Florentino Ariza estuvo esperando a Fermina Daza. Y a la escena final, una de las más memorables con que nos ha honrado nuestra literatura: esa orden directa de Florentino al capitán del barco. Permitidme que la transcriba para celebrar la explosión interna que me invade cada vez que la leo:

- "¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

- Toda la vida –dijo".

 

Farfalla