General, Verdades, SinsentidosFebruary 26, 2009 9:00 pm

Para muchos los libros no son relevantes, apenas leen y pueden pasar días sin hacerlo. Incluso la mayoría los olvida en rincones donde les cuesta localizarlos al cabo de poco tiempo.

Este fin de semana he olvidado en casa de mis padres el papyre, hablé de él hace tiempo y se ha convertido en mi inseparable compañero de fatigas. Estoy leyendo cuatro libros, todos ellos en formato electrónico y esta semana he comenzado a Tu rostro mañana de Javier Marías, el primer volumen, pero esta vez en papel.

No creí jamás que para leer se necesitase un aparato electrónico. Cuando lo compré lo hice como anécdota y sobre todo para leer textos técnicos, mi trabajo me obliga a ello. Pero desde que ha llegado a mis manos pocos libros en papel he vuelto a leer.

Tengo la suerte de que la mayoría de libros que leo son de dominio público. Exceptuando algunos que no vamos a engañarnos he ido descargando de diversas páginas y algún que otro programa p2p.

Mañana en cuanto salga de trabajar voy a recogerlo, pasaré el fin de semana andando en bici, tomando café con mi abuelo, que ya puede ser considerado un viejo en toda regla, espero cenar con algún amigo y el domingo cuando vuelva a esta ciudad rara e insoportable no olvidaré traerme el papyre, está vez no.

 

 

 


VerdadesFebruary 22, 2009 3:28 pm

Siempre pensé que hay dos circunstancias en la vida que te brindan el grado de clarividencia necesario para poder distinguir entre los buenos amigos y aquellos que creías que lo eran. Y son: pasar por una etapa vital de escisión o traumática, o bien mudarse a otro país. Por suerte o por desgracia (tengo que acabar de decidirme) yo he pasado por ambas prácticamente de un modo simultáneo.

¿Resultado? La vida me ha obsequiado con tal ángulo de perspectiva que a veces siento que me gustaría estar un poco más ciega. Y es que tomar distancia revela y descubre lo que sin moverte del sitio no se puede ver.

Sólo alejándote del escenario de la función puedes contemplarla en su totalidad. Y este hecho en ocasiones te ofrece la sorpresa inesperada de comprobar que esas personas de las que menos esperas son precisamente las que más te dan. Y viceversa. Huelga decir que siempre hay excepciones, faltaría.

Lo primero aporta una alegría única que recibes con vocación de eterniedad.

Lo segundo, incrédula decepción. Decepción y el deseo ocasional de disponer de unas gafas con una graduación errónea que permitan distorsionar la realidad.

Pero una vez alcanzas el nombrado ángulo de perspectiva, no es posible desprenderse de él.

Ahora intento aplicar una máxima vital que alguien compartió conmigo una noche no muy lejana tras una larga jornada de trabajo: cada uno da en función de sus posibilidades, y no debemos culpar a los demás por sus limitaciones.

El único problema radica en que yo en realidad creo que no ser trata sólo de limitación en su sentido estricto, sino también de voluntad.

En cualquier caso, aprovecho este blog que apenas nadie lee para agradecer a esas personas que tanto me han acompañado (y siguien haciéndolo) en mi destierro, su apoyo incondicional. En cuanto a las otras, ésas de las que tanto esperaba, ahora puedo verlas con claridad encima del escenario. 

Ya no puedo elegir entre la felicidad del ignorante o la crueldad de la Verdad.

PolvosFebruary 15, 2009 11:10 am

“Nací en circunstancias inusuales”.

No solemos escribir sobre films porque éste es un blog esencialmente literario, pero hoy os pido que me concedáis la licencia de hacer mención de una película especial. Mi única intención es que no dejéis de verla, os guste el cine o no.

Dirigida por David Fincher y protagonizada por Cate Blanchett y Brad Pitt, “The curious case of Benjamin Button” narra la vida de un hombre que nace con ochenta y cumple años hacia atrás en el tiempo. La trama en sí es una adaptación de la historia de los años 20 del siglo pasado escrita por F. Scott Fitzgerald, pero algo me dice que esta vez, y sin que sirva de precedente, la película es mucho más que el libro que la precede.

Técnicamente es de diez. Cada fotograma es una filigrana cuidada hasta detalles impensables. Las interpretaciones son todas ellas impecables. Las caracterizaciones, increíbles (casi incomprensibles). Un descomunal y perfecto encaje de bolillos.

Desde la Nueva Orleans de finales de la I Guerra Mundial hasta el siglo XXI, la película nos narra los diferentes episodios del periplo vital de Benjamin Button, un hombre que nace con arrugas, artrosis y calvo, y a medida que “descumple” años, deja la vejez para convertirse en adulto, adolescente, niño y, por último, bebé.

Con pinceladas de un cierto realismo mágico, nos sumergimos en la historia desde los primeros minutos del metraje. Todo es tan extraño, tan fascinante y tan humano, que lo que empieza pareciendo una historia fantástica que roza la ciencia ficción, se va transformando, escena a escena, en lo que en realidad es: una alegoría a la vida donde encuentras lugares comunes en casi todos sus personajes.

Y aunque al principio puede parecer incluso extravagante, pronto descubrimos que nacer para empezar a morir no es demasiado diferente de nacer casi muerto y empezar a vivir, porque en esta encrucijada aparece siempre el Amor para atar cabos y demostrar que ni el tiempo ni la edad existen.

Las últimas escenas del film son de una belleza inenarrable, de un realismo sólo comparable a su ternura y crueldad. No olvidaré aquella en que una anciana Cate Blanchett pasea de la mano a un Brad Pitt de apenas un año y se agacha para darle el beso de Amor más hermoso que nos ha regalado la historia del cine.

Llegan los créditos y te quedas inmóvil en la butaca, con la película instalada en el fondo de tu estómago, en las paredes de tus ventrículos, en cada neurona de tu cerebro. Y te vas con la sensación de que todavía es posible hacer cine magistral con una historia que al otro lado del espejo parece imposible, pero a éste, tan real como mi vida o la tuya.

PolvosFebruary 13, 2009 12:24 pm

Confieso que he leído “Cien años de soledad” al segundo intento, esquivando la tentación de coger por banda “El viaje del elefante”, recién salido del horno y ya en mi estantería llamándome a gritos.

La primera vez llegué sólo hasta la página 100 y abandoné convencida de que no entendía el concepto de realismo mágio, y que tantas colas de puerco, mariposas amarillas y lluvias de cuatro años eran difíciles de encajar en el esequema mental de las cosas.

Esta vez me llevé de viaje este libro y sólo éste, para no sucumbir al abandono. Un viaje lejos es un momento perfecto para dejarse fascinar por la obra más reconocida de García Márquez. Y ahora puedo decir que es la obra de literatura que más me ha sorprendido por su maestría y genuidad. Me parece increíble que una sola mente humana haya sido capaz de crear un mundo que al principio parace una fábula, después una tragedia, y al final un mundo tan cercano y palpable como el tuyo propio.

Una vez te sumerges en el universo que García Márquez crea para el lector con todo lujo de detalles rocambolescos pero verosímiles (las paradojas de la vida se atisban en todas las esquinas del libro), es imposible salir de él.

Como reza la contraportada de mi edición: “… son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero”.