Cien años de soledad | Gabriel García Márquez
Confieso que he leído “Cien años de soledad” al segundo intento, esquivando la tentación de coger por banda “El viaje del elefante”, recién salido del horno y ya en mi estantería llamándome a gritos.
La primera vez llegué sólo hasta la página 100 y abandoné convencida de que no entendía el concepto de realismo mágio, y que tantas colas de puerco, mariposas amarillas y lluvias de cuatro años eran difíciles de encajar en el esequema mental de las cosas.
Esta vez me llevé de viaje este libro y sólo éste, para no sucumbir al abandono. Un viaje lejos es un momento perfecto para dejarse fascinar por la obra más reconocida de García Márquez. Y ahora puedo decir que es la obra de literatura que más me ha sorprendido por su maestría y genuidad. Me parece increíble que una sola mente humana haya sido capaz de crear un mundo que al principio parace una fábula, después una tragedia, y al final un mundo tan cercano y palpable como el tuyo propio.
Una vez te sumerges en el universo que García Márquez crea para el lector con todo lujo de detalles rocambolescos pero verosímiles (las paradojas de la vida se atisban en todas las esquinas del libro), es imposible salir de él.
Como reza la contraportada de mi edición: “… son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero”.
