“Nací en circunstancias inusuales”.

No solemos escribir sobre films porque éste es un blog esencialmente literario, pero hoy os pido que me concedáis la licencia de hacer mención de una película especial. Mi única intención es que no dejéis de verla, os guste el cine o no.

Dirigida por David Fincher y protagonizada por Cate Blanchett y Brad Pitt, “The curious case of Benjamin Button” narra la vida de un hombre que nace con ochenta y cumple años hacia atrás en el tiempo. La trama en sí es una adaptación de la historia de los años 20 del siglo pasado escrita por F. Scott Fitzgerald, pero algo me dice que esta vez, y sin que sirva de precedente, la película es mucho más que el libro que la precede.

Técnicamente es de diez. Cada fotograma es una filigrana cuidada hasta detalles impensables. Las interpretaciones son todas ellas impecables. Las caracterizaciones, increíbles (casi incomprensibles). Un descomunal y perfecto encaje de bolillos.

Desde la Nueva Orleans de finales de la I Guerra Mundial hasta el siglo XXI, la película nos narra los diferentes episodios del periplo vital de Benjamin Button, un hombre que nace con arrugas, artrosis y calvo, y a medida que “descumple” años, deja la vejez para convertirse en adulto, adolescente, niño y, por último, bebé.

Con pinceladas de un cierto realismo mágico, nos sumergimos en la historia desde los primeros minutos del metraje. Todo es tan extraño, tan fascinante y tan humano, que lo que empieza pareciendo una historia fantástica que roza la ciencia ficción, se va transformando, escena a escena, en lo que en realidad es: una alegoría a la vida donde encuentras lugares comunes en casi todos sus personajes.

Y aunque al principio puede parecer incluso extravagante, pronto descubrimos que nacer para empezar a morir no es demasiado diferente de nacer casi muerto y empezar a vivir, porque en esta encrucijada aparece siempre el Amor para atar cabos y demostrar que ni el tiempo ni la edad existen.

Las últimas escenas del film son de una belleza inenarrable, de un realismo sólo comparable a su ternura y crueldad. No olvidaré aquella en que una anciana Cate Blanchett pasea de la mano a un Brad Pitt de apenas un año y se agacha para darle el beso de Amor más hermoso que nos ha regalado la historia del cine.

Llegan los créditos y te quedas inmóvil en la butaca, con la película instalada en el fondo de tu estómago, en las paredes de tus ventrículos, en cada neurona de tu cerebro. Y te vas con la sensación de que todavía es posible hacer cine magistral con una historia que al otro lado del espejo parece imposible, pero a éste, tan real como mi vida o la tuya.