Para muchos los libros no son relevantes, apenas leen y pueden pasar días sin hacerlo. Incluso la mayoría los olvida en rincones donde les cuesta localizarlos al cabo de poco tiempo.

Este fin de semana he olvidado en casa de mis padres el papyre, hablé de él hace tiempo y se ha convertido en mi inseparable compañero de fatigas. Estoy leyendo cuatro libros, todos ellos en formato electrónico y esta semana he comenzado a Tu rostro mañana de Javier Marías, el primer volumen, pero esta vez en papel.

No creí jamás que para leer se necesitase un aparato electrónico. Cuando lo compré lo hice como anécdota y sobre todo para leer textos técnicos, mi trabajo me obliga a ello. Pero desde que ha llegado a mis manos pocos libros en papel he vuelto a leer.

Tengo la suerte de que la mayoría de libros que leo son de dominio público. Exceptuando algunos que no vamos a engañarnos he ido descargando de diversas páginas y algún que otro programa p2p.

Mañana en cuanto salga de trabajar voy a recogerlo, pasaré el fin de semana andando en bici, tomando café con mi abuelo, que ya puede ser considerado un viejo en toda regla, espero cenar con algún amigo y el domingo cuando vuelva a esta ciudad rara e insoportable no olvidaré traerme el papyre, está vez no.