General, Verdades, Polvos, SinsentidosApril 23, 2009 10:15 pm

Siempre me manifesté en contra de los libros dedicados. No entiendo que se necesiten más palabras que las que un libro posee, una dedicatoria de una persona que no conoces, por mucho que admires, es solo un garabato, un borrón que con el tiempo se olvida, excepto los que lo necesitan para sentirse especiales, la gente rara tiene derecho a vivir.

Me sucede algo similar con los amigos, tengo pocos -por suerte-, al igual que libros dedicados. Realmente mi primer libro dedicado me lo han entregado esta noche, porque escribo estoy a la una de la madruga del 22 de abril, bueno ya 23.

El libro lo había leído con anterioridad unas cuatro veces, no se ha publicado porque no han querido que luchase por ello, es un gran libro que con el paso del tiempo no me cabe la menor duda estará en alguna librería, por lo menos ya figura en mi biblioteca. Tiene un interés especial porque es el borrador, está lleno de notas, correcciones y todas esas cosas que le gustan a un lector como yo.

No tendría demasiada importancia sino fuese porque su autora es una gran amiga. Una amiga de verdad, una amiga con todas las letras, porque la palabra amigo ya no es tan importante (para la mayoría) por culpa de un tropel de malhablados que no utilizan de una manera correcta el lenguaje. Lo atropellan y no se dan cuenta que están matándolo poco a poco.

La palabra amiga denota un sentimiento especial, una idea esperanzadora, un placer exquisito. A pocas personas aprecio realmente, pocas me importan y con pocas mantengo un contacto más o menos habitual. A muy pocas ayudaría en una situación delicada y por otras en cambio daría todo lo que tengo, esta mujer (jovenzuela, la idea del tiempo no le atrae demasiado, al contrario que a mí)  solo tiene que pedirlo, insinuar lo que necesita o desea porque sabe que siempre estaré ahí para intentar ayudarla.

Nos conocemos desde hace años y tenemos una relación especial con la literatura, con nadie excepto con ella puedo charlar sobre libros, aunque por supuesto muchas de sus lecturas deberían estar prohibidas. Creo que ayer mientras cenábamos le dije que era muy inteligente mientras le confesaba una quimera que mucho tiempo nos llevo idear a un par de amigos y que surgió entre botellas de vino, esa frase no debería haber aparecido en ese instante pero un comentario suyo la introdujo, un comentario que estoy convencido nadie hubiese imaginado.

Existe personas que se cuelan en nuestras vidas por algo, la verdad, es una suerte ser su amigo, es algo que jamás hubiese imaginado, jamás podrá saber la alegría que me produjo el mail en el que me comunicaba su visita a la ciudad en la que vivo y mucho más la frase en la que afirma que intentaría escaparse de sus obligaciones para tomar algo unas horas.

Solo quiero escribir esto para que quede constancia, para el tiempo que todo lo pone en su lugar se equivoque esta vez, o mejor dicho, me equivoque porque creo que todo termina, aunque en este caso, nuestra relación no puede morir jamás, un tema que hemos tratado ayer, jamás, siempre…. palabras intolerantes, quien sabe.

Preciosa, te quiero mucho.

Verdades, Polvos, SinsentidosApril 17, 2009 5:10 pm

Probablemente no sea demasiado objetivo, ni tenga razón, estoy convencido de que las líneas que dejaré a continuación son un error pero bueno, al tema.

He terminado de leer El Mundo de Juan José Millás, me ha pasado un amigo una copia en formato electrónico y gracias al papyre lo he leído sin ningún problema, jamás hubiese comprado ese libro y tampoco hubiese perdido tiempo alguno en imprimirlo.

Ganó el planeta y eso ya es algo que juega en su contra. Nunca había leído nada de este señor excepto alguna columna en un periódico y no tenía una visión ni positiva ni negativa sobre su literatura. Pero ahora puedo decir que mis sensaciones no eran del todo erróneas.

El libro es aburrido, no aporta nada, no tiene un interés especial y pasaría inadvertido para la mayoría sino lo hubiese escrito un autor conocido. El planeta es un premio absurdo, se concede sin ton ni son porque aporta mucho dinero a la editorial.

Deseo que alguien inteligente, no yo, ni un crítico, consiga alguna vez que sea lea buena literatura. En este país dicen que cada día se lee más, no estoy de acuerdo, pero si leer más implica leer obras simples, sin contenido alguno, obras que no aportan nada, probablemente ni un rato de entretenimiento no entiendo para que se lee.

He terminado ayer también de releer otra vez, Las aventuras de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe, no es una de sus grandes obras, no es una maravilla pero al lado de El Mundo es una obra maestra.

Sino lo digo reviento.

Verdades, Polvos, SinsentidosApril 12, 2009 5:06 pm

De perdidos al río y mezclo el título de la última novela de Saramago con un apunte personal, en un guiño a un atrevimiento naíf que a continuación os aclararé.

Los que me leéis bien sabéis que soy una Saramagoniana en toda regla, y como tal esperaba con curiosidad y ganas su última novela después de veinte años de silencio literario y una grave enfermedad. “El viaje del elefante” no defrauda a los que le admiramos: es una novela muy de él, con todos los ingredientes estilísticos y de contenido que ya hemos hecho suyos, pero varias veces aumentado por una perspectiva que presumo aporta sólo la edad, la experiencia y, por supuesto, el ingenioso talento de este escritor.

Definido por él mismo como un “cuento largo”, esta breve novela, sencilla a primer golpe de vista, encierra entre sus líneas las moralejas de vida, los incontables guiños irónicos y la lucidez preclara a que Saramago nos tiene acostumbrados.

“El viaje del elefante” cuenta una historia real aunque salpicada de imaginación, porque según el mismo autor manifiesta, es ese punto donde confluyen realidad y ficción lo que hace de la literatura lo que en realidad es.

El eje vertebral es el viaje épico, prosaico y jovial que en el s. XVI emprende un elefante asiático llamado Salomón desde Lisboa a Viena por algunos caprichos reales y absurdos designios.

La novela, que ronda las 240 páginas, da cuenta de la imaginación de Saramago. "La compasión solidaria, ese sentimiento que siendo expresado literariamente es, sobre todo, humano, atraviesa toda la obra, se distingue y se significa", comenta la periodista Pilar del Río. El humor también está presente en la obra y el escritor lo emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar en el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector", explica la esposa del escritor portugués.

Ironía, sarcasmo, belleza y responsabilidad de escribir están presentes en un libro que no deja indiferente por lo que tiene de fábula, realidad, ingenuidad e inteligencia.

Y cambio de tercio. Ando sumergida en la lectura de las memorias de Gabo y, aunque sólo llevo cien páginas, me han servido para aceptar lo que desde hace tres años intento acallar: ya no escribo y todo apunta a que no vuelva a hacerlo jamás. Primero le di una oportunidad a la lícita crisis literaria, después a los antojos de la Dama Inspiración, pero ahora ya no tengo más excusas en la retaguardia: no sé si algún día sirvieron de algo mis letras, pero sí que si tuvieron alguna razón de ser, fue en el pasado y no ahora.

Suena triste, suena como una derrota o incluso como una confesión  susurrada al oído. Ponedle la música que prefiráis. Mi pentagrama se ha quedado sin notas.

Farfalla

General, Verdades, Polvos, Sinsentidos, El tintero, Citas célebresApril 6, 2009 7:50 pm

 Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."

El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

Jorge Luis Borges