Siempre me manifesté en contra de los libros dedicados. No entiendo que se necesiten más palabras que las que un libro posee, una dedicatoria de una persona que no conoces, por mucho que admires, es solo un garabato, un borrón que con el tiempo se olvida, excepto los que lo necesitan para sentirse especiales, la gente rara tiene derecho a vivir.

Me sucede algo similar con los amigos, tengo pocos -por suerte-, al igual que libros dedicados. Realmente mi primer libro dedicado me lo han entregado esta noche, porque escribo estoy a la una de la madruga del 22 de abril, bueno ya 23.

El libro lo había leído con anterioridad unas cuatro veces, no se ha publicado porque no han querido que luchase por ello, es un gran libro que con el paso del tiempo no me cabe la menor duda estará en alguna librería, por lo menos ya figura en mi biblioteca. Tiene un interés especial porque es el borrador, está lleno de notas, correcciones y todas esas cosas que le gustan a un lector como yo.

No tendría demasiada importancia sino fuese porque su autora es una gran amiga. Una amiga de verdad, una amiga con todas las letras, porque la palabra amigo ya no es tan importante (para la mayoría) por culpa de un tropel de malhablados que no utilizan de una manera correcta el lenguaje. Lo atropellan y no se dan cuenta que están matándolo poco a poco.

La palabra amiga denota un sentimiento especial, una idea esperanzadora, un placer exquisito. A pocas personas aprecio realmente, pocas me importan y con pocas mantengo un contacto más o menos habitual. A muy pocas ayudaría en una situación delicada y por otras en cambio daría todo lo que tengo, esta mujer (jovenzuela, la idea del tiempo no le atrae demasiado, al contrario que a mí)  solo tiene que pedirlo, insinuar lo que necesita o desea porque sabe que siempre estaré ahí para intentar ayudarla.

Nos conocemos desde hace años y tenemos una relación especial con la literatura, con nadie excepto con ella puedo charlar sobre libros, aunque por supuesto muchas de sus lecturas deberían estar prohibidas. Creo que ayer mientras cenábamos le dije que era muy inteligente mientras le confesaba una quimera que mucho tiempo nos llevo idear a un par de amigos y que surgió entre botellas de vino, esa frase no debería haber aparecido en ese instante pero un comentario suyo la introdujo, un comentario que estoy convencido nadie hubiese imaginado.

Existe personas que se cuelan en nuestras vidas por algo, la verdad, es una suerte ser su amigo, es algo que jamás hubiese imaginado, jamás podrá saber la alegría que me produjo el mail en el que me comunicaba su visita a la ciudad en la que vivo y mucho más la frase en la que afirma que intentaría escaparse de sus obligaciones para tomar algo unas horas.

Solo quiero escribir esto para que quede constancia, para el tiempo que todo lo pone en su lugar se equivoque esta vez, o mejor dicho, me equivoque porque creo que todo termina, aunque en este caso, nuestra relación no puede morir jamás, un tema que hemos tratado ayer, jamás, siempre…. palabras intolerantes, quien sabe.

Preciosa, te quiero mucho.