Vivir para contarla | Gabriel García Márquez
“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Y con este ejemplar de frase intachable queda todo dicho. ¿No os ha pasado nunca que recordáis algo a vuestra medida? La vida es lo que el recuerdo nos permite, no lo que realmente vivimos. Y hay más: la vida es lo que seríamos capaces de contar si tuviéramos que hacer de ella un relato.
Desde niña imagino la vida en forma de saco, gris amarronado, de tejido duro, como los sacos de trigo para más datos. Dentro vamos metiendo todo lo que nos pasa, aunque con el tiempo me he dado cuenta de que hemos nacido con un derecho adquirido: tenemos el privilegio de poder meter en él lo que nos interese, ¿y el resto?: directo al vertedero virtual del olvido.
Y en mi metáfora imaginaria deseo un saco lleno de experiencias, personas, sentimientos, colores, olores, fotografías, viajes, sorpresas, lágrimas, canciones y escenas con telón de fondo y claqueta cinematográfica. Si un día tuviera que contarle mi vida a alguien (por ejemplo, a unos cuantos centenares de hojas en blanco), abriría el saco y haría inventario de todo lo que hay dentro de él.
Y esto es lo que hace Gabo con su infancia y adolescencia a través de un relato apasionante que nos acerca a algunos de los personajes y episodios que han poblado sus más emblemáticas obras. Es una delicia tomar los atajos al camino que nos propone, descubrir a las personas que le influyeron como escritor, entrar con él en la redacción de los periódicos para los que trabajó, subirse al barco que le acercaba a sus años de formación al tiempo que le alejaba de su hogar, formar parte de sus innumerables y eternas tertulias culturales que se alargaban hasta el amanecer, simpatizar con sus debilidades declaradas y sus miedos confesos, meterse en medio de los actos revolucionarios que marcaron una Colombia convulsa, admirar a uno de esos seres literarios y genuinos: su madre, sentir el tacto de las cuartillas en que escribía sus reportajes, entrevistas, novelas, artículos, reseñas y hasta críticas de cine…
Si me quedaba alguna duda, ahora ya no: Gabriel García Márquez nació escritor y su vida no es otra cosa que la confirmación de una vocación.
Talento literario aparte, esta obra me ha sorprendido por su sencillez narrativa, tal vez necesaria para hilar una compleja trama vital impecablemente contada.
Espero ansiosa la segunda parte de estas memorias para saber, entre otras cosas, qué decía la carta que Mercedes finalmente le envió cuando él estaba en Ginebra: la respuesta a un ultimátum de Amor…
No dejéis de leerla. Es un regalo para Literatura y para todos nosotros.
Farfalla

Vivir para contarla la leí hace tiempo. No creo que sea el mismo del que hablamos en la cena, pero bueno.
Cuando ganó el Nobel, muchos periodistas corrieron a casa de su madre para que les dijese algo y cuando le preguntaron qué le parecía, la buena mujer contestó:
-Yo no sé nada de literatura, sólo sé que el Gabo tiene muy buena memoria porque todo eso que escribió se lo contaron.
Ahí lo dejo.
Por cierto, algo parecido le sucedía a Juan Rulfo cuando le preguntaban porque ya no escribía, él contestaba, porque la gente que me contaba las historias se murió.
Un beso preciosa
Comment by Administrator — May 3, 2009 @ 6:35 pm
Y sin embargo la memoria es selectiva por razón de supervivencia…
En cuanto al narrar, es más cierto de lo que parece: el escritor a menudo cuenta lo que ha oído… aunque a veces es lo que ha vivido, que quizá es lo mismo… y naturalmente llega tamizado por una mirada literaria sutil. Saber ver, saber escuchar, saber digerir, saber regurgitar todo eso… son claves de un buen autor.
Comment by Ardi — August 24, 2009 @ 8:14 pm