Verdades, PolvosAugust 22, 2009 8:06 pm

Yo también sigo vuestros consejos a pies juntillas, faltaría más.

Hace tiempo que quería leer (entera) alguna obra de Javier Marías, y tras la colaboración de Stark en nuestro blog, me decidí. Ahora estoy feliz de haber encontrado a otro de “esos” autores que con su inteligencia preclara transmiten las cosas más pequeñas del más grande de los modos.

A medio camino entre Saramago y Kundera, Marías nos plantea una trama que no le sirve sino para exponer sus ideas e inquietudes. Son muchas las que me llevo, además de la reflexión expuesta por Stark. Me gustaría compartir con vosotros algunas más, así como los interrogantes que me suscitaron. Se aceptan respuestas.

“Todo el mundo obliga a todo el mundo, no tanto a hacer lo que no quiere, sino más bien lo que no sabe si quiere, porque casi nadie sabe lo que no quiere, y menos aún lo que quiere, no hay forma de saber esto último. Si nadie fuera nunca obligado a nada, el mundo se detendría, todo permanecería flotando en una vacilación global y continua, indefinidamente”. ¿Pueden estas instigaciones provocar un cambio en nuestras voluntades? ¿Pueden los sentimientos modelarse, crearse, modificarse o incluso crecer o disminuir a través de ellas? ¿Existe la autonomía pura de nuestra voluntad o está siempre sujeta a esas sutiles obligaciones ajenas?

“Cualquier relación entre las personas es siempre un cúmulo de problemas, de forcejeos, también de ofensas y humillaciones”. ¿Por qué los peores sentimientos nacen hacia las personas que más amamos? ¿Será verdad que del amor al odio sólo hay un paso? ¿Estamos condenados a forcejear para fortalecer una relación? ¿Por qué hay cuerdas o hilos que se rompen y que nunca más se pueden volver a unir? ¿Es posible una amistad exenta de ofensas y humillaciones?

“Y fue pasando el tiempo tan perceptible cuando se lo está matando, cada segundo parece que adquiera individualidad y solidez, como si fueran guijarros que uno va dejando deslizarse desde la mano al suelo, reloj de arena, el tiempo se hace rugoso y quebrado, como si ya fuera pretérito o hubiera pasado, se mira trascurrir el trascurrido tiempo”. ¿Si es verdad que el tiempo no existe, que sólo lo hemos inventado nosotros, cómo es posible que podamos sentir cada uno de sus segundos? ¿Por qué cuando queremos apresar el tiempo, se escapa, y cuando queremos que se escape, se hace denso y evidente? ¿Hay algo más perverso y cruel que entregarnos una dosis de tiempo al nacer y saber que cada día que pasa no es un día más, sino un día menos?

“La propia vida no depende de los propio hechos, de lo que uno hace, sino de lo que de uno se sabe, de lo que se sabe que ha hecho”. ¿Y qué pasa entonces con las cosas que no se cuentan ni se escriben, pero que se viven? ¿Qué pasa con los secretos no revelados cuando ya no hay quien los revele… se pierden, se conservan, o en realidad es como si no hubieran sucedido jamás? ¿Por qué las cosas que se sabe que se han hecho tienen más mérito que las que permanecen en la sombra?

“Es extraño cómo un pensamiento nos llega a veces con tanta nitidez y fuerza que ya no puede mediar nada entre él y su cumplimiento. Se piensa en una posibilidad y al instante deja de serlo, se hace lo que se piensa y se convierte en algo ejecutado, sin transición, sin mediación, sin trámite, sin darle más vueltas, sin saber del todo si quiere hacerse, los actos se cometen solos entonces”. ¿Y por qué son estos los actos más auténticos, más veraces, más profundos y verdaderos?

Lo próximo será comprar el resto de libros de Marías.

Farfalla

VerdadesAugust 7, 2009 7:41 am

Se me acaba de ocurrir: ¿no sería fantástico que algún día nos pudiéramos reunir los cuatro? Y me permito invitar también a otro lector, tal vez más esporádico, el Duende, que os aseguro estaría con creces a la altura del foro.

Queda aquí la idea. No tiene que ser pronto. Simplemente tengámoslo presente por si a Bolo (que es el que vive más alejado del resto) se le presenta algún desplazamiento ocasional a Cataluña.

Que tengáis un día feliz (incluso tú, Bolo).

Farfalla

General, Verdades, SinsentidosJuly 29, 2009 2:43 pm

Quién sabe si haya sido el artículo posteado aquí o tal vez lo fuera la inapelable voluntad del destino, el caso es que estos dias he andado leyendo Corazón tan blanco, de Marías, novela que una inexplicable pereza aplazó suspendiendo su lectura a un tiempo incierto que había de llegar inexorablemente, una de esas cosas de las que se tiene la certeza, también inexplicable, de que no quedará pendiente, esas que saben encontrar su momento oportuno independientemente de nuestra voluntad, una fatalidad; y entre las letras y palabras rejuntadas encontré una, a mi juicio, magnífica reflexión, quiero creer que inspirada en una de esas lacónicas, elocuentes e inquietantes sentencias de Saramago, o no, que las ideas no tienen dueño ni señor, aunque a alguno le pese; el tal pensamiento que Marías cuela en la novela dice así:

“Y la prisa venía porque tenía conciencia de que lo que no oyera ahora ya no lo iba a oír; no iba a haber repetición (…), sino que cada susurro no aprehendido ni comprendido se perdería para siempre jamás. Es lo malo que tiene cuanto nos sucede y no es registrado, o aún peor, ni siquiera sabido ni visto ni oído (…). El día que no estuvimos juntos ya no habremos estado juntos, o lo que se nos iba a decir por teléfono cuando nos llamaron y no respondimos no será nunca dicho, (…) y todo será levemente distinto o del todo distinto por nuestra falta de atrevimiento que nos disuadió de hablaros. Pero si incluso si aquel día estuvimos juntos, o estábamos en casa cuando nos telefonearon, o nos atrevimos a hablaros venciendo el temor y olvidando el riesgo, aun así nada de ello se volverá a repetir, y por consiguiente llegará un momento en el que haber estado juntos será como no haberlo estado (…) y habernos atrevido a hablaros como haber callado. Hasta las cosas más imborrables tienen una duración, como las que no dejan huella o ni siquiera suceden, y si estamos prevenidos y las anotamos o las grabamos o las filmamos, y nos llenamos de recordatorios e incluso tratamos de sustituir lo ocurrido por la mera constancia y registro y archivo de que ocurrió, de modo que lo que en verdad ocurra desde el principio sea nuestra anotación o nuestra grabación o nuestratra filmación, sólo eso; aun en ese perfeccionamiento infinito de la repetición habremos perdido el tiempo en que las cosas acontecieron de veras; y mientras tratamos de revivirlo o reproducirlo y hacerlo volver e impedir que sea pasado, otro tiempo distinto estará aconteciendo, y en ese, sin duda, no estaremos juntos ni cogeremos ningún teléfono ni nos atreveremos a nada ni podremos evitar ningún crimen ni ninguna muerte, porque lo estaremos dejando pasar de lado como si no fuera nuestro en nuestro intento enfermizo de que no termine y regrese lo que ya pasó. Así, lo que vemos y oímos acaba por asemejarse y aun igualarse con lo que no vimos ni oímos, es solo cuestión de tiempo, o de que desaparezcamos. Y a pesar de todo no podemos dejar de encaminar nuestras vidas hacia el oír y el ver y el presenciar y el saber, con el convencimiento de que esas vidas nuestras dependen de estar juntos un día o responder una llamada, o de atrevernos, o de cometer un crimen o causar una muerte y saber que fue así. (…) nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, y hasta la más monótona y rutinaria de las existencias se va anulando y negando a sí misma en su aparente repetición hasta que nada es nada ni nadie es nadie que fueran antes, y la débil rueda del mundo es empujada por desmemoriados que oyen y ven y saben lo que no se dice ni tiene lugar ni es cognoscible ni comprobable. Lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que no probamos, y sin embargo nos va la vida y se nos va la vida en escoger y rechazar y seleccionar, en trazar una línea que separe esas cosas que son idénticas y haga de nuestra historia una historia única que recordemos y pueda contarse. Volcamos nuestra inteligencia y nuestros sentidos y nuestro afán en la tarea de discernir lo que será nivelado, o ya lo está, y por eso estamos llenos de arrepentimientos y de ocasiones perdidas, de confirmaciones y reafirmaciones y ocasiones aprovechadas, cuando lo cierto esque nada se afirma y todo se va perdiendo. O acaso es que nunca hubo nada.”

No sé, aunque tanto en el contexto de la reflexión como (creo) su intención pretende reflejar cierta amargura y desencanto vital, en reposo o por superación de esa ansia amarga y absurda puede quererse ver una llamada al sosiego, a la serenidad, a la delicia del abandonado fluir despreocupado, a no tomarse uno demasiado en serio, porque en verdad no lo somos.

VerdadesJuly 28, 2009 4:38 pm

La verdad te hará libre.

La Verdad te hará Libre.

Verdades, SinsentidosJuly 25, 2009 8:19 pm

Sé que escribo poco, mis queridos tres lectores, pero cuando uno no siente la necesidad de contar, mejor guardar silencio.

Pero hoy aquí estoy, de vuelta momentánea, porque uno de vosotros tres me ha pedido que así fuera, y porque tras treinta y tres años he llegado a una feliz conclusión que me dispongo a compartir. Os pido disculpas de antemano por mi pretensión: hoy no escribiré de otros libros o autores. Hoy el tema va de mariposas.

Os decía que he concluido algo tras muchos años y no pocos disgustos. Me diréis, tras leerlo, que se trata de una obviedad. Pero soy de las que necesita meter el dedo en la yaga, y además no me suelo contentar hasta que la presiono con fuerza y volteo con mi yema en semicírculos. Ya me entendéis.

Al lío: La verdad incondicional está socialmente mal vista.

Me explico. “¿Te gustan los zapatos que me acabo de comprar?”, “¿Qué te han parecido mis padres?”, “Crees que el relato que te he pasado podría ganar algún concurso?”, “¿Te gusta mi nuevo corte de pelo?”, “No es fantástico, Roberto? (léase, el novio de tu amiga)”. Y así hasta el infinito. Por fin he comprendido que estas son las respuestas que conviene evitar:

  • Pues la verdad es que me recuerdan a unos de mi abuela. Pero ya sabes: se lleva lo vintage.
  • Un poco machacas y ya chochean, pero tranquilo, los míos también.
  • ¿Y no has pensado nunca en apuntarte a un curso de fotografía digital?
  • Me gustaba más el anterior… pero el pelo crece enseguida.
  • Pues a mí me parece un crío, además de pedante y controlador.

Por el contrario, son socialmente bien recibidas estas otras:

  • ¡Son divinos! ¿Te molesta si me compro unos iguales?
  • Son encantadores. Ojalá fueran los míos.
  • Pero ninguno por debajo del Planeta, ¡eres la próxima Lucía Etxebarría!
  • Pareces un año más joven y tres puntos más guapa.
  • Es un hombre 10, hacéis una pareja formidable y vuestros hijos serán más guapos que los de Brangélica.

Si perteneces a esa categoría de ser humano que gusta de manifestar sus opiniones sinceras, sin corrector de ojeras ni sombras de ojos multicolor, que sepas que el común de los mortales prefiere no oírlas. Y aunque no deje de parecerme paradójico, el prójimo se queda más feliz y complacido si le regalan los oídos.

Supongo que durante tanto tiempo he estado equivocada porque siempre he preferido las verdades de frente, aunque sean a cara lavada. Pero ya son demasiadas críticas recibidas. Es difícil comprender que los demás no siempre van a ser tan sinceros contigo como te gustaría, pero lo es más todavía aceptar que los que te rodean esperan que tú te comportes con ellos haciendo gala de la misma diplomacia postiza.

Hay que ser cortés. Y la cortesía es una forma de apariencia. Y la apariencia es superficial. Y en lo superficial no se encuentra la verdad.

Será cuestión de entrar en el baile con la máscara puesta.

Manda perendengues.

De haber sabido esto antes, me habría ahorrado un número considerable de tropiezos.

Pero habría continuado siendo más yo misma.

Farfalla

Verdades, SinsentidosJuly 6, 2009 9:34 pm

Acabo de ver en televisión a más de 80000 paletos coreando el nombre de un chaval, llevo años diciéndolo esta sociedad es una auténtica vergüenza.

Por cierto, paleto es http://rae2.es/paleto

VerdadesJune 28, 2009 6:52 pm

Esto es un fuera de tema en toda regla, pero como quien lo dice es un escritor, un escritor vivo que leo y tiene razón, a publicarlo.

El país que se toma la crisis a broma

En un país como España cuesta sobremanera tomarse en serio la actual crisis económica, no digamos las políticas encaminadas a combatirla, sean la del Gobierno o la de la oposición, aunque la de esta última ni siquiera sepamos en qué consiste. Lo cierto es que no se habla de otra cosa desde hace diez meses y sin embargo, en conjunto, nada cambia ni se prevé que lo haga. Claro que hay muchos más parados, y que a bastantes se les están ya acabando las ayudas al desempleo y se ignora qué será de ellos. Pueden añadir las dificultades de numerosas empresas, el previsto desmoronamiento de las inmobiliarias salvajes (contra cuyos abusos no hizo nada ningún político, pese a las incontables advertencias de quienes no somos políticos ni economistas, era una cuestión de mero sentido común), la falta de escrúpulos de la banca y lo que ustedes prefieran. Pero no hay manera de tomarse en serio esta crisis cuando yo me siento a escribir esta pieza el jueves 11 de junio y resulta que en mi Comunidad vuelve a ser fiesta, lo cual invitará a muchos ciudadanos a tomarse libre mañana, viernes –es decir, a hacer puente–, y a no reincorporarse a sus tareas hasta el lunes 15. Esto no es algo excepcional, sino la norma. En Madrid, en menos de tres meses, fue festivo el 19 de marzo, jueves, con el consiguiente puente hasta el lunes 23; a continuación, el viernes 3 de abril se inició la “operación salida” de Semana Santa, la cual terminó aquí el lunes 13, pero en muchas zonas del país el martes 14; el viernes y sábado 1 y 2 de mayo volvieron a ser fiesta, y de nuevo lo fue el viernes 15 de mayo, San Isidro; y, como si todo esto no bastara, hoy otra vez, Corpus Christi (?). Esto significa que entre el 15 de marzo y el 15 de junio, han sido más o menos inhábiles 39 fechas, contando sábados, domingos y la Semana Santa entera (pero no el Lunes de Pascua). O, lo que es lo mismo, el 43% de los días, cerca de la mitad de los transcurridos.

¿Es esto serio? ¿Es aconsejable? ¿Es propio de una sociedad inmersa, según se nos repite a diario con cabellos mesados y vestiduras rasgadas, en la más grave emergencia económica desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Tiene algún sentido que la producción y la actividad se interrumpan a lo bestia, cada dos por tres? (Y ya verán cómo en verano ninguna población suspende sus jornadas de holganza y ruido llamadas “fiestas patronales”.) Entre las medidas contra la famosa crisis, ¿cómo es que ni a un solo político se le ha ocurrido revisar el disparatado calendario y alterarlo temporalmente? (Confesaré al instante, para los suspicaces, que, al ser yo autónomo, lo normal es que trabaje todos los días, sábados, domingos y Semanas Santas incluidos, cuando me lo permiten las procesiones de los desocupados.)

Tampoco ayuda a tomársela en serio saber que mucha gente que gana al mes 1.500 euros de media está acudiendo a Cáritas a pedir comida porque necesita el dinero para pagar la hipoteca y las letras del coche. Y uno se pregunta quién diablos obliga a nadie a tener un piso en propiedad o a poseer un coche, o quién lo ha convencido de que esas dos cosas se cuentan entre las necesidades básicas e irrenunciables. Igualmente, cada vez que alguien va al paro y sale en televisión contando la miserable situación en que se queda, no suele dolerse de la falta de dinero para comer, o para vestir a sus hijos y llevarlos a la escuela, o para pagar la luz y el agua, sino que, machaconamente, se lamenta de las dificultades que lo aguardan para cumplir con la hipoteca y con los plazos del automóvil. Y vuelvo a preguntarme quién lo obligó a meterse en la adquisición de tales bienes prescindibles. Bueno, los bancos, que ahora escatiman los créditos, fueron los grandes tentadores hasta hace cuatro días, desde luego, pero no obligaban. (También para los suspicaces, me apresuro a decir que vivo en régimen de alquiler y que jamás he tenido coche.)

La morosidad se ha multiplicado en los últimos años, mucho antes de la crisis. ¿Qué clase de sociedad es esta en la que se considera normal vivir permanentemente por encima de las propias posibilidades, y solicitar créditos no para lo esencial ni para lo excepcional, sino para cualquier chuminada o capricho, para celebrar por todo lo alto la comunión de la niña, como si fuera una miniboda, o irse de vacaciones no aquí cerca, sino a Cancún o a Bali? Parece haber, además, una absoluta incapacidad para bajar de las nubes. ¿Cómo voy a renunciar a esto y aquello, si ya lo he tenido?, piensa casi todo el mundo, y, con el habitual espíritu pueril de nuestra época, se vuelve hacia el Estado, como si fuera el progenitor, para que ponga remedio a sus frustraciones particulares. Y el Estado, pusilánime e imbecilizado, da ayudas para que la gente siga comprándose coches (sólo de lujo y contaminantes, si se trata de esperanzaguirreños) y continúa manteniendo todos los improductivos y demenciales puentes que jalonan nuestro calendario. ¿Cómo pretenden los políticos, los economistas, los banqueros, los empresarios y los sindicatos que nos los tomemos en serio?

JAVIER MARÍAS

General, Verdades, Polvos, SinsentidosApril 23, 2009 10:15 pm

Siempre me manifesté en contra de los libros dedicados. No entiendo que se necesiten más palabras que las que un libro posee, una dedicatoria de una persona que no conoces, por mucho que admires, es solo un garabato, un borrón que con el tiempo se olvida, excepto los que lo necesitan para sentirse especiales, la gente rara tiene derecho a vivir.

Me sucede algo similar con los amigos, tengo pocos -por suerte-, al igual que libros dedicados. Realmente mi primer libro dedicado me lo han entregado esta noche, porque escribo estoy a la una de la madruga del 22 de abril, bueno ya 23.

El libro lo había leído con anterioridad unas cuatro veces, no se ha publicado porque no han querido que luchase por ello, es un gran libro que con el paso del tiempo no me cabe la menor duda estará en alguna librería, por lo menos ya figura en mi biblioteca. Tiene un interés especial porque es el borrador, está lleno de notas, correcciones y todas esas cosas que le gustan a un lector como yo.

No tendría demasiada importancia sino fuese porque su autora es una gran amiga. Una amiga de verdad, una amiga con todas las letras, porque la palabra amigo ya no es tan importante (para la mayoría) por culpa de un tropel de malhablados que no utilizan de una manera correcta el lenguaje. Lo atropellan y no se dan cuenta que están matándolo poco a poco.

La palabra amiga denota un sentimiento especial, una idea esperanzadora, un placer exquisito. A pocas personas aprecio realmente, pocas me importan y con pocas mantengo un contacto más o menos habitual. A muy pocas ayudaría en una situación delicada y por otras en cambio daría todo lo que tengo, esta mujer (jovenzuela, la idea del tiempo no le atrae demasiado, al contrario que a mí)  solo tiene que pedirlo, insinuar lo que necesita o desea porque sabe que siempre estaré ahí para intentar ayudarla.

Nos conocemos desde hace años y tenemos una relación especial con la literatura, con nadie excepto con ella puedo charlar sobre libros, aunque por supuesto muchas de sus lecturas deberían estar prohibidas. Creo que ayer mientras cenábamos le dije que era muy inteligente mientras le confesaba una quimera que mucho tiempo nos llevo idear a un par de amigos y que surgió entre botellas de vino, esa frase no debería haber aparecido en ese instante pero un comentario suyo la introdujo, un comentario que estoy convencido nadie hubiese imaginado.

Existe personas que se cuelan en nuestras vidas por algo, la verdad, es una suerte ser su amigo, es algo que jamás hubiese imaginado, jamás podrá saber la alegría que me produjo el mail en el que me comunicaba su visita a la ciudad en la que vivo y mucho más la frase en la que afirma que intentaría escaparse de sus obligaciones para tomar algo unas horas.

Solo quiero escribir esto para que quede constancia, para el tiempo que todo lo pone en su lugar se equivoque esta vez, o mejor dicho, me equivoque porque creo que todo termina, aunque en este caso, nuestra relación no puede morir jamás, un tema que hemos tratado ayer, jamás, siempre…. palabras intolerantes, quien sabe.

Preciosa, te quiero mucho.

Verdades, Polvos, SinsentidosApril 17, 2009 5:10 pm

Probablemente no sea demasiado objetivo, ni tenga razón, estoy convencido de que las líneas que dejaré a continuación son un error pero bueno, al tema.

He terminado de leer El Mundo de Juan José Millás, me ha pasado un amigo una copia en formato electrónico y gracias al papyre lo he leído sin ningún problema, jamás hubiese comprado ese libro y tampoco hubiese perdido tiempo alguno en imprimirlo.

Ganó el planeta y eso ya es algo que juega en su contra. Nunca había leído nada de este señor excepto alguna columna en un periódico y no tenía una visión ni positiva ni negativa sobre su literatura. Pero ahora puedo decir que mis sensaciones no eran del todo erróneas.

El libro es aburrido, no aporta nada, no tiene un interés especial y pasaría inadvertido para la mayoría sino lo hubiese escrito un autor conocido. El planeta es un premio absurdo, se concede sin ton ni son porque aporta mucho dinero a la editorial.

Deseo que alguien inteligente, no yo, ni un crítico, consiga alguna vez que sea lea buena literatura. En este país dicen que cada día se lee más, no estoy de acuerdo, pero si leer más implica leer obras simples, sin contenido alguno, obras que no aportan nada, probablemente ni un rato de entretenimiento no entiendo para que se lee.

He terminado ayer también de releer otra vez, Las aventuras de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe, no es una de sus grandes obras, no es una maravilla pero al lado de El Mundo es una obra maestra.

Sino lo digo reviento.

Verdades, Polvos, SinsentidosApril 12, 2009 5:06 pm

De perdidos al río y mezclo el título de la última novela de Saramago con un apunte personal, en un guiño a un atrevimiento naíf que a continuación os aclararé.

Los que me leéis bien sabéis que soy una Saramagoniana en toda regla, y como tal esperaba con curiosidad y ganas su última novela después de veinte años de silencio literario y una grave enfermedad. “El viaje del elefante” no defrauda a los que le admiramos: es una novela muy de él, con todos los ingredientes estilísticos y de contenido que ya hemos hecho suyos, pero varias veces aumentado por una perspectiva que presumo aporta sólo la edad, la experiencia y, por supuesto, el ingenioso talento de este escritor.

Definido por él mismo como un “cuento largo”, esta breve novela, sencilla a primer golpe de vista, encierra entre sus líneas las moralejas de vida, los incontables guiños irónicos y la lucidez preclara a que Saramago nos tiene acostumbrados.

“El viaje del elefante” cuenta una historia real aunque salpicada de imaginación, porque según el mismo autor manifiesta, es ese punto donde confluyen realidad y ficción lo que hace de la literatura lo que en realidad es.

El eje vertebral es el viaje épico, prosaico y jovial que en el s. XVI emprende un elefante asiático llamado Salomón desde Lisboa a Viena por algunos caprichos reales y absurdos designios.

La novela, que ronda las 240 páginas, da cuenta de la imaginación de Saramago. "La compasión solidaria, ese sentimiento que siendo expresado literariamente es, sobre todo, humano, atraviesa toda la obra, se distingue y se significa", comenta la periodista Pilar del Río. El humor también está presente en la obra y el escritor lo emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar en el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector", explica la esposa del escritor portugués.

Ironía, sarcasmo, belleza y responsabilidad de escribir están presentes en un libro que no deja indiferente por lo que tiene de fábula, realidad, ingenuidad e inteligencia.

Y cambio de tercio. Ando sumergida en la lectura de las memorias de Gabo y, aunque sólo llevo cien páginas, me han servido para aceptar lo que desde hace tres años intento acallar: ya no escribo y todo apunta a que no vuelva a hacerlo jamás. Primero le di una oportunidad a la lícita crisis literaria, después a los antojos de la Dama Inspiración, pero ahora ya no tengo más excusas en la retaguardia: no sé si algún día sirvieron de algo mis letras, pero sí que si tuvieron alguna razón de ser, fue en el pasado y no ahora.

Suena triste, suena como una derrota o incluso como una confesión  susurrada al oído. Ponedle la música que prefiráis. Mi pentagrama se ha quedado sin notas.

Farfalla